miércoles, 11 de noviembre de 2009

Concupiscencia

“Cañaveral” óleo sobre tela, 48”x48” de Luis Makianich, 2005.

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Alicia suele pasearse por el cañaveral en busca de algún suceso que la despierte. Ella está adormecida en sus instintos desde la soledad del paraje en el que vive, lejos de lo mundano y el sonido mecanizado de las ciudades. Su juventud permanece intacta pese a su madurez, y su mirada examina cada minúsculo evento que la transporte en su imaginación hacia ese mundo tan desconocido como deseado. Dos insectos copulando entre las cañas atraen su atención por un momento, cuando su mente detona un arrebato de complicidad despertando su avidez por la lujuria, sustentada en un caótico y perverso impulso que la hace cuestionarse su virtud, que hasta hoy no ha tenido contraparte. Se recuesta entre las matas sin desviar la vista del erótico evento y sus manos imitan los movimientos de las alimañas acariciando su propia complexión y reconociendo su voluptuosidad hasta estimular la depravación adormecida en su castidad, confundiéndose el pudor con su sensualidad y la pureza con su ansiedad, hasta que una maraña de sentimientos contrapuestos acaban por apoderarse de todo su cuerpo, cediendo a su deseo por sobre su voluntad. Los insectos se desensamblan haciendo una algarabía con sus elocuentes alas, revoloteando la figura de Alicia que los contempla extasiada hasta que se despiden rozándolas sobre ella y volando hacia el horizonte mientras ella los sigue con su mirada hasta el infinito, ese que presagia el nuevo mundo que se abre ante sus ojos.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Origami

“Mujeres de papel”, Electrografía de Luis Makianich, 2009.

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Si hay un material que contiene mi verdad debe ser el papel. Si lo miro fijamente durante horas puedo ver el infinito; mi mente puede vertirse en él por completo y como en una mesa, buscar mis ideas desparramándolas con las manos hasta acomodarlas en su justa posición; ordenar el cosmos a mi gusto y ocultar detrás de cada pliegue los agujeros negros de mi vida, aquellos que se quedaron con lo bueno de mi, o simplemente con lo que hubiese querido retener ahora. Todo mi pasado se encuentra plegado en este viejo cofre que acabo de desempolvar en mi ático y se que en su interior me espera el tesoro que alguna vez creí tan inútil como otras veces invaluable: Mi viejos flexopapiros.

Levanto la tapa del baúl, y mi cara siente el resplandor hasta ahora dormido del papel envejecido de una palomita, que tomo con mis manos cuidando de no lastimar sus sentimientos, luego de tan brutal abandono; acaricio su cola y sus alas me saludan como si no hubiera mediado el tiempo en nuestra indeleble amistad. Me aventuro a sacar los aviones y me vuelvo niño por un instante arrojándolos en todas direcciones para configurar el espacio de mi imaginación hasta ahora adormecida en el recuerdo de mis amigos. Un instante después, un temblor se apodera de mis manos y como desobedeciéndome se introducen en el cofre con cautela para tomar una extravagante rosa, de un pálido color amarillo, formada con indescifrables dobleces en los que mi amor tuvo lugar. La luz redujo el espacio a una mínima esfera albergando a mis dedos y su frágil cuerpo, el de Emilia en un poco de ayer. Desvisto sus pétalos suavemente a la vez que evoco en cada pliegue una caricia o un beso que alguna vez robé, y que recién ahora puedo descifrar. El papel me hace notar su queja, mostrándome sus cicatrices en los dobleces hasta que encuentro toda esa verdad acumulada, que duele y me espanta, por su notoria angustia y mi mezquina ausencia que evadió envejecer con ella.
Una última hoja de papel que encuentro en el fondo del arca me tuvo hipnotizado desde hace varias horas, por su tersa superficie, sin ajaduras ni dobleces, sin nada escrito en ella. Emilia me la obsequió cuando nos despedimos y recién ahora mi pecho late por ello. Concentro mis ojos en su superficie y mis dedos añoran modelar su cuerpo con tantos pliegues como sea posible, pero mi corazón se rebela y detiene la marcha, y mi imaginación se pierde en su infinita talla.

martes, 3 de noviembre de 2009

La belleza de lo efímero



“Mujer de arena” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
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La belleza guarda relación con el tiempo que la ostenta y por alguna razón somos conscientes de ella por la brevedad de su influencia.
Al esfumarse el cuerpo que la contiene su imagen permanece en nuestras retinas hasta grabarse indeleble en la memoria. Un momento de permanencia en el universo la hace perdurable y el hueco que ocupa su lugar pasa a formar parte de una constelación de ausencias que se ocultan en vacíos omnipresentes.
-¿Cuál es el propósito de su existencia si no es apreciada?
-¿Por qué nos esforzamos en comprender su esencia intelectualizándola, cuando se precisa un solo instante para descubrirla?
-¿Significa algo bueno o una simple distracción activada para movilizarnos?
-¿Es real o solo existe en quien la percibe?
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Una escultura en la arena permanece hasta que el mar decide pasar su mano sobre ella, acariciándola y salvando la imagen en su memoria líquida; guardando en su superficie plana el vacío impreso de su evanescencia.
El artista siente que su ofrenda le da a su musa una nueva vida, renovando su apasionado apetito por descubrirse esculpida con las manos de su amado y la noche baja sobre la playa como una prensa que al abrirse en la mañana imprime su estampa en el cielo, desde donde Febo abre su único ojo dorado que admira el sublime milagro amanecido de un amor furtivo, recostado en la arena de sus recuerdos.

sábado, 31 de octubre de 2009

Fantasmas


“Phantom” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
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Un sorbo de mis propios fantasmas es la medicina que prescribo para mis años de soledad. Contenida por el cristal de mis desvelos, la dorada bebida se infiltra en mi ascendiendo por mis fosas nasales hasta tomar su puesto de avanzada en las colinas de mis recuerdos de vida y desde allí, poner en marcha su plan de desembarco hasta tomar por completo la cabeza de playa, en una oleada de melancolía que sacude mis emociones hasta arrancarme el desconsuelo de las entrañas y vertirlo nuevamente en el vaso de whisky, rellenándolo hasta completar mis desvaríos; turbando mi visón en el fragor de la batalla y ausentándome por un tiempo, dejando abandonada mi alma a su propia suerte.
Allí está ella de nuevo, flotando entre mis pensamientos; conformando mi atmósfera con su grácil cuerpo desnudo bailando a mi alrededor; acariciando mi sien con sus cabellos cobrizos escondiendo su persistente mirar y su cínica sonrisa; ostentando la osadía de estar aquí donde debería estar su ausencia; manipulando mis ideas con mi pelo entre sus dedos, mientras me duermo en su pecho, aunque ni en ese sueño pueda acabar por deshacerme de ella. Sin embargo ya no ronda en mi su lujuria misteriosa ni sus ardides de engaño; como tampoco encuentro angustiante recordar su mórbida fascinación por hacer de mis amigos sus amantes, a escondidas de sus prejuicios y a la vista de mi celosa mirada. Mi embriaguez deriva en la encrucijada de saberme amado por su rebeldía o sufrir el dolor que su espíritu me impone solo con acecharme desde su oscuridad nudista, emplazando su belleza en todo punto al que dirijo la mirada, como la condena de venerarla, más que un castigo por haberla matado.

sábado, 17 de octubre de 2009

Bocetos



“Boceto de acción” Electrografía de Luis Makianich, 2009
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Carla se siente su propia sombra y desde ahí observa cómo su cuerpo es ignorado por el mundo. Su andar describe una línea en el suelo que le pertenece y controla con la mirada baja de su complexión ausente. Su vestimenta gris intenta relacionar su forma con su sombra para sentir el peso de su anonimato en las plantas de sus pies, donde su vida se transmite a su alma. Allí ella siente el peso de su insignificancia, que contrasta con el brillo de la mañana reflejado en la vidriera de una tienda, donde ve pasar su vida de costado, como si no le perteneciera. Revisa los diseños en oferta, que se encuentran en el piso del escaparate, por no mirar de frente al maniquí que ostenta toda su gala en un vestido azul, y que la observa orgullosa desde su ilusión de marquesina. Temerosa de su propia presencia, empieza a andar hacia la puerta del negocio, cuando desde el interior una empleada la mira con desdén, haciendo que ella volviera sobre sus pasos, presa de su intimidación, cuando se topa de frente con una extraña mujer, quedándose parada ante ella con su débil estampa, congelada en su perturbación. La señora le sonríe y Carla por primera vez descubre que está viva y esboza también una sonrisa.
-“Gloria…”- dice la dama extendiéndole una tarjeta personal - ¿y tú eres…?
-“Carla…”-contesta con timidez elevando los ojos del piso lentamente hasta rozar su mirada, para luego devolverlos a su lugar.
-“¿Me preguntaba si te gustaría posar para mi taller de dibujo…?”-Insiste la mujer aún con la tarjeta en su mano extendida, mientras Carla la toma y la lleva hacia abajo hasta interceptar su propia vista, que permanece descendente.
-“La belleza del cuerpo…arte y grafito”-dice la tarjeta y la dama continúa diciendo:
-“La paga es buena…por solo unas pocas horas a la semana”.
Carla Hace un leve movimiento de cabeza para mirarla y guardando la tarjeta en su bolso le dice:-“Tal vez…” para luego seguir su camino, cuando la mujer le grita a la distancia:
-“Te espero esta tarde, como a las tres…”
Carla se encuentra avasallada por esta nueva oportunidad de emerger de su mundo oculto, pero también piensa que tal vez aquella señora la escogió por su falta de presencia, lo que posiblemente sería algún tipo de atractivo para un artista; no obstante su curiosidad empieza a germinar en su cabeza y aparece un atisbo de luz en sus ojos que seguramente obrará a favor de acudir a la cita.
Aquí está ella, de pie frente a la puerta de roble de una antigua mansión de Palermo Viejo, sin señas de ninguna especie de ser un taller de dibujo, pero bajo el timbre, un diminuto cartel reza: -“No suena…entre hasta el primer piso, gracias”
El portón está abierto e inmediatamente las escaleras de mármol envejecido la invitan a subir apoyándose en una muy trabajada boiserie, y esta vez, con la cabeza apuntando hacia arriba, donde la espera…quien sabe qué.
Una vez allí, un recibidor hexagonal da a tres puertas muy altas con vidrios unidos con plomo, a través de las cuales pueden verse algunos atriles y gente pintando o dibujando modelos vivos, con sus cuerpos desnudos bañados por una suave luz cenital, proveniente de sendas cúpulas vidriadas emplazadas sobre cada recinto. Su intuición o tal vez su timidez, la inclinan por entrar en la habitación con menos artistas, donde aún no hay un modelo. Gloria la ve atravesar la puerta, e inmediatamente se acerca a ella y la abraza en forma muy aparatosa, diciendo:
-“Preciosa…! Me alegra mucho que hayas venido y tan puntual, porque aquí la gente se pone muy nerviosa con la espera”
Carla afloja un poco su tenso rostro y esboza una tímida sonrisa en tanto Gloria la toma del brazo y la lleva hacia el centro del salón para presentarla a los artistas que ya se encuentran ubicados en torno a la tarima central, constituida por algunos bloques de madera donde se sienta o recuesta el modelo. Mientras la anfitriona hace las presentaciones, Carla mantiene la cabeza baja, haciendo una tenue reverencia ocular ante cada nombre en los labios de Gloria.
-“Abril…Donato…Edgardo…Zulema y Renzo” –Concluye mientras le alcanza a Carla una bata diciéndole:-“Toma, quítate toda la ropa tras ese biombo, y ponte esto”.
Ella toma el quimono, y se dirige a cambiarse con el paso inseguro que la describe y da un rápido vistazo al grupo un poco antes de ocultarse tras la mampara. Su blusa… sus polleras… sus medias, aparecen una a una colgadas del bastidor hasta que Carla asoma remisamente vestida con la túnica, hasta que Gloria decide ir en socorro a llevarla hasta el tablado e inducirla a sentarse sobre el armazón de madera, ahora cubierto con un paño color ciruela.
-“Veo que es tu primera vez”-Le dice a lo que ella responde con un leve movimiento de cabeza. –“Te sugiero que dejes caer la túnica cuando estés lista y solo sé tu misma…”-continúa diciendo:-“Esto no es una sesión de fotografía, aquí tenemos otros tiempos, y tu eres quien decide cómo son…puedes estar sentada…recostada…caminar o bailar…estar callada o hablar, si así lo deseas, y ellos sacarán lo que necesitan de ti para su obra”. Ahora, Gloria percibe en el rostro de Carla un poco más de soltura, y es cuando suavemente la mira a los ojos, y tiernamente le retira la bata de los hombros, dejando ver parte de su busto mientras le dice;-“Tu eres la dueña de tu belleza, y solo a ti te corresponde decidir cuándo es el momento de compartirla…” y se aleja despacio caminando hacia atrás como admirando su cuerpo, y para no romper el encantamiento.
La luz baja cálidamente desde la claraboya sobre los hombros de Clara y ella siente que ha cedido un primer paso hacia lo desconocido que ya no podrá desandar. Su cuerpo empequeñecido aún más por su vergüenza, parece recibir mucha más luz que el resto de los presentes, de tal modo que ella se siente encandilada y desamparada ante el reflector de las miradas ajenas, indefensa y frágil, aunque curiosa y atrevida por primera vez.
Abril, que se encuentra frente a ella, empieza a bocetar su cabeza y ella siente cómo sus ojos intentan penetrar en su mente, lo que seguramente no logrará en esta instancia por su renuencia a ser descubierta; no obstante, realiza algunos cuantos óvalos concéntricos, como para establecer un límite entre el papel y el grafito; luego hace lo propio con sus ojos pero le resultan impenetrables, y decide continuar hacia abajo, con su boca, el cuello, sus hombros… Clara percibe esto siguiendo la trayectoria del lápiz, y luego de un instante…ella suelta su túnica dejando todo su pecho al descubierto. Abril acaricia su busto con el grafito esfumando con sus dedos su voluptuosidad, haciendo que Carla desvíe la mirada hacia otro lugar, donde se encuentra Donato, que en ese momento está dándole forma a sus pechos con un trozo de carboncillo sobre un lienzo. Ella nota que sus pezones se resisten a su voluntad y cobran vida propia, por lo que decide pararse abruptamente, y en ese mismo instante, todo su físico yergue desnudo bajo la espléndida luz del cielo, que la encandila con su gloria. Levanta su mano hasta su cabeza para intentar cubrir el resplandor y por fin descubre que su cuerpo se ha desprendido de su sombra, aunque aún no le pertenece. Gira sobre sí misma para buscar a los otros artistas y en cada movimiento, descubre cómo su sombra proyectada dibuja su esbeltez con el color de su deseo pintado en la cara. Poco a poco la vida le vuelve a su rostro y ese chispear en sus ojos le indican que ya es tiempo, y decide caminar entre los atriles, para observarse desde afuera de su propio ser, desde la vista de todos ellos. Que Abril haya podido completar su mirada le indica que al fin fue liberada y su cuerpo todo, está dispuesto a permitirle entrar y bailar juntos hasta que la luz se extingue.
Carla baja las escaleras ataviada de nuevo con su blusa y su falda grises, pero el color en sus pómulos y la soltura de su andar, nos muestra que ella ha abandonado su sombra, y ahora viaja en su cuerpo, adelante y recostada en sus pechos, a cielo abierto y con el viento jugando en su pelo. Se detiene en aquella tienda y mira de frente al vestido azul en el maniquí del escaparate, descubre a la vendedora con su vista y se dirige a ella con la decisión que la acompañará siempre, tomada de la mano.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Ciclotimia


“Ciclotimia” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
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Cuando desposé a María Silvia, no imaginé que debería lidiar también con María, Silvia y Sil. Todas ellas se me presentaron a partir de nuestra noche de bodas y naturalmente no pude negarme. Ellas siempre supieron de mi aversión al matrimonio a partir de mis evasivas suscitadas en cada conversación durante nuestro noviazgo y yo pensé, que mis diferentes estados de ánimo se mimetizarían en un único humor, cuando estabilizáramos nuestra relación. María Silvia me cautivó desde un principio con su ingenuidad, convirtiéndome en el gran maestro que nunca fui. Ella le dio a mi vida un propósito y éste se convirtió en la motivación que nos llevó a ser cónyuges, pero mis ansias de libertad, despertaron en María esa furia desenfrenada que me ató a sus decisiones, eliminando lo poco de hombre que me quedaba en ese entonces. Podría haber huido de sus dominios, pero Silvia me asustó aún más, cuando me amarró a nuestra cama para impedir que lo hiciera, y ayudada por María y María Silvia me mantuvieron secuestrado en nuestros aposentos hasta que la fatiga pudo conmigo. Al despertar en la mañana, sentí que su poder sobre mí había llegado al extremo de someter mi autoestima y sucumbí ante su atroz castigo… Fue entonces cuando entró Sil en la recámara, con su visión incandescente y su expresión devastadora de sensualidad. Sin dejar de mirarme se dirigió hasta la cama y desató mis manos una a una mientras Silvia y María hicieron lo propio con las ataduras de mis tobillos. En ese momento podría haberme escapado, pero Sil me tenía hipnotizado con su avasalladora mirada y bajo el dintel de la puerta, vi a María Silvia acercándose lentamente, con su andar cohibido y el rubor en su rostro, en tanto Sil se acercó a ella y se fundió en su hermoso cuerpo aportándole su sensualidad, María y Silvia abordaron ese tren de erotismo hasta que por fin, María Silvia… Toda ella se acostó sobre mí, y me enamoró definitivamente.
Después de veinte años de ser esposos, hemos descubierto que nuestra unión ha sido perfecta…Yo con mi ciclotimia y ellas con su esquizofrenia.

martes, 13 de octubre de 2009

Ilusión rupestre


"Pintura rupestre" Electrografía de Luis Makianich, 2009.
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Desde que los hongos empezaron a devorar el cielo, la humanidad entera se dispersó aleatoriamente, como si correr fuera una forma de escaparle a la muerte. En poco tiempo solo quedamos unos pocos grupos de desconocidos intentando ocultarse de la radiación a como dé lugar. El nuestro vino a parar a la montaña, y con el temor a cuestas irrumpimos en la entrada de una mina abandonada de cobre, con una expresión definida por el agotamiento y la presunción de haber encontrado nuestro último hogar.
Ya en el interior de la cueva, sus paredes continúan reflejando los flashes cobrizos de las explosiones, empujándonos hacia la oscuridad, como si ésta nos diera la tranquilidad necesaria para reacomodar nuestras ideas.
A medida que nos internamos, algunas voces de descontento empiezan a pronunciarse, ocultas en el anonimato que nos confiere la oscuridad.
-“¿Qué esperamos que nos suceda aquí?” –Dice una mujer muy alterada, mientras el horrible sonido exterior se extingue lentamente, a medida que caminamos hacia adentro, obrando de tranquilizante en todos nosotros, lo que provoca que mantengamos el silencio por un largo rato, como un preciado tesoro, aunque en nuestros cráneos continúan rebotando estas últimas palabras intentando que alguno de nosotros las conteste.
Súbitamente una luz azul ilumina al grupo, lo que me sobresalta hasta comprender que se trata de un teléfono celular que alguien abrió para poder ver a su alrededor. Algunos gritos acompañan al evento hasta que todo vuelve al callado entorno que hemos creado, con la salvedad que ahora podemos ver tenuemente nuestros rostros asustados, convocándonos a intentar calmarnos. Nuestros ojos parecen acomodarse a la nueva atmósfera lumínica y puedo ver a una chiquilla asustada junto a su madre y decido tratar de apaciguar su temor, acariciando su cabecita, lo que me produce un estado de tranquilidad al ver su expresión de aceptación, como si ella intentara tranquilizarme a mí.
-“¿Vieron eso?”- Dice la niña señalando una pared rocosa que parece moverse a la luz del celular. Pareciera que una figura rupestre brotara desde los pliegues de la roca en el reflejo lumínico provocado por el aparato. Todos nos quedamos viendo la aparición con cierto interés, como si tratáramos de olvidar la verdadera razón por la que estamos aquí.
-“Son dos carneros luchando”-Dice un joven desde la penumbra que enciende la luz de otro Teléfono, provocando que otras paredes se iluminen y generen nuevas ilusiones ópticas en las rocas de cobre.
-“Aquí puedo ver un bisonte dorado”- dice otro niño sin poder contener su alegría.
-“¿Donde?-Pregunta alguien más.
-“Aquí… ¿ves?”-Contesta el niño dibujando con su dedo en la roca.
Muchos de los adultos cuestionan estas visiones pero otros deciden encender sus teléfonos celulares para provocar más imágenes en las paredes que los niños recorren con los ojos chispeantes y sonrisas dibujadas en sus rostros hasta que todo el auditorio se convierte en una fiesta de color, abrumándonos de energía hasta que nos quedamos dormidos, borrachos de luz, sobre la plácida textura de las rocas, que nos cobijan hasta el fin de nuestro sueño… y de nuestro mundo, del que solo quedan vestigios emplazados en las paredes… Nuestra pintura rupestre.

viernes, 9 de octubre de 2009

Sirena


"Sirena" Electrografia de Luis Makianich, 2009.
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Al atardecer el mar se confabula con el cielo ocultándome el horizonte y tendiéndome una trampa. El canto de las gaviotas enardece el rojo amainar del sol que se oculta cómplice de su picardía. Llevo un tiempo navegando sin rumbo por no arribar a puerto y encontrarme con mi oscura realidad, aquella que me volvió un ermitaño en mi propia melancolía. La vida en tierra ya no me atrae desde que mi espíritu se enfadó conmigo y me abandonó a mi suerte, naufragando en las costas de mi empecinamiento, al buscar un alma gemela de inmortal belleza y voluptuosidad esquiva de mis pretensiones. Su encantamiento acaricia la celestial voz que desde la oscuridad de mi alma canta un ritual de muerte sobre mi tenue vida, que la escucha suspendida entre cielo y agua, volviéndose tan etérea como su melodía, para infiltrarse en la musa que la inspira y así pertenecerle como el aire al viento, viajando con ella por siempre, en el arrullo de su canto de sirena.

domingo, 4 de octubre de 2009

Teoría de la involución


"Acosada-revertida" by Luis Makianich
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El hombre, autoproclamado ”Rey de la creación”, debido a que posee la primacía de la razón, (razón por la cual puede permitirse adjudicarse a sí mismo el mérito de razonar) posee también debido a ella, la herramienta para cuestionar esta verdad y sumergirse en el océano de la duda. Tal vez el absurdo sea el mecanismo favorito de quienes nos instauramos como críticos de lo absoluto, pero una vez que nos aventuramos a navegar en él, sentimos que la duda es nuestro medio líquido y las certezas de la tierra firme son menos claras cuando más nos alejamos de la orilla.
Unas horas después, cuando el horizonte es circular y ya no una línea recta, comprendemos que nuestra perspectiva obtusa es la razón principal por la que nuestro razonamiento flaquea. Es entonces cuando observamos que cuando la verdad no es exacta, lo más probable es que sea totalmente falsa.
Decidimos entonces dar un manotazo al timón y virar 180 grados, como una forma de aproximarnos rápidamente a la verdad, si es eso lo que finalmente estamos buscando. Cuando hablamos de buscar, nos referimos a la búsqueda por excelencia, la que tal vez nos de la pauta que nos muestre hacia donde debe apuntar nuestra brújula, y cuando ya estamos a punto de hacernos la pregunta que ponga proa al desenlace…se presenta la tormenta, que desbarata todos nuestros planes dejándonos a la deriva.
Luego del naufragio, nos encontramos en la isla solitaria de nuestro razonamiento y ahora despojados de toda herramienta mundana, llámense verdades absolutas de nuestro mundo, que ahora pierden todo valor. Nos remitimos a lo inmediato, procurándonos alimento y albergue, y en un principio nos comportamos como animales… Entonces asoma el primer indicio de humanidad… Si, la razón.
-¿Será posible que ante una emergencia se manifieste primero la intuición antes que nuestro raciocinio?
-¿Habrá alguna relación entre nuestros estímulos irracionales y nuestras necesidades espirituales?
-Cuando nos comportamos como animales… ¿Equivocamos el camino?
En medio de este delirio, cuando nos sentimos afiebrados por las dudas revoloteando en nuestra cabeza, pueden surgir nuevas certezas que nos alejen aún más de la tierra firme de nuestro conocimiento. Nos preguntamos si el resto de los seres vivos, aquellos que no poseen nuestro bien tan preciado, no lo habrán superado en alguna instancia de su evolución. También pensamos que el pensamiento de la humanidad se desarrolló casi completamente analizando y hasta imitando el esplendor de la naturaleza, como el vuelo de los pájaros con los aviones, los peces con los barcos, etcétera.
Es entonces cuando esa idea atroz nos inunda y no podemos resistir el deseo de expresar lo primero que nos viene a la mente.
Si todas las especies de la naturaleza se comportan en forma perfecta para lo que fueros creadas, y no poseen nuestro don del razonamiento… ¿No será que están en un escalón superior de la evolución?
Si el hombre necesita esforzarse por varias generaciones para perfeccionar lo que le fue dado usando su razonamiento, y lograr lo que los animales poseen en última instancia: La verdad absoluta… ¿Puede considerarse el ser más evolucionado?
El hecho de que se crea que el hombre es la última especie en aparecer sobre la tierra… ¿No explicaría su falta de desarrollo?
-¿No será que cada uno de los animales ya pasó por su instancia racional y la búsqueda de la verdad absoluta, y una vez hallada perdió esa habilidad del raciocinio, dada su caducidad por ya no serle útil?
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Conclusiones:
Observemos el estado de la evolución humana hasta el momento.
Los adelantos científicos en los últimos tiempos han sido tan avasallantes que bien podríamos decir que se auspicia una aproximación a la verdad mucho más cercana a lo que pudo haber estado en los últimos diez años.
Los avances en la informática y en las telecomunicaciones, hacen que el conocimiento se globalice, provocando que el hombre común disponga de la verdad como cualquier otro ser humano.
Y lo que considero más importante en este razonamiento:
El indicio más grande que nos muestra que el hombre está acercándose más y más a la verdad absoluta, es que su comportamiento actual se está alejando de su humanidad y se mimetiza con la cruda verdad animal.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Diva


“Amatista” Electrografía de Luis Makianich, 2009
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“Según la mitología griega, Dioniso, dios del vino y el desenfreno, pretendía a una doncella llamada Amethystos, la cual deseaba permanecer casta. La diosa Artemisa escuchó sus plegarias, y transformó a la mujer en una roca blanca. Dioniso, humillado, vertió vino sobre la roca a modo de disculpa, tiñendo así de púrpura los cristales…”
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Su cuerpo resplandece ante las miradas ávidas de la sensualidad de sus movimientos, contorneando la música y el destello de las luces en una apasionada danza, que describe su obscura belleza en un ardiente anhelo de poseerla. Sus caderas los sumergen en un frenético rito a la lujuria, suspendiendo sus cuerpos en la ingrávida sala, frente al candente arco del escenario. La tensión del espectáculo mantiene la conexión entre el público y la diva que lanza miradas hiriendo de muerte a quien alcanza el influjo de esos latigazos. Los púrpuras cristales que conforman su cuerpo transmiten un halo de desesperanza en el espectador abrumado por sus desvaríos que emergen del brillo de sus fantasías y cuando las luces se apagan y la música calla, surge una ilusión en el aire, que como un alma en pena permanece en sus retinas hasta que el sueño se duerme.
Al caer el telón. Amatista se quita su traje de cuarzos y se interna en un mundo de reclusión. Su pensamiento cambia de efervescente a calmo en ese mismo instante se apaga su luz; su expresión endurece y sus ansias se opacan como si las miradas de los espectadores alimentaran su alma. Ella evita el contacto con cualquier persona porque fuera de escena es como un fantasma, que flota en el aire del obscuro escenario, esperando las luces que reaviven el fuego que duerme en las tablas y el crepitar del aplauso descansando en la sala.
Una noche, el sonido de un tímido golpe en la puerta preguntó por su musa que estaba dormida y una voz grave y dulce se escuchó tras el roble despertando la música de aquel sueño en su pecho, que latía más fuerte en su camerino, provocando que el traje que estaba colgado brillara de nuevo fuera de su cuerpo. Se encontraba desnuda, sin su hermosa armadura que la protegiera de ese amor intruso, que robase su anhelo de seguir siendo diva, con un ramo de rosas que como una espada asestara en su pecho con su galanteo. Al abrirse la puerta, ella estaba ahí parada sin su traje de luces pero aún así brillaba, y él se quedó atónito ante tan sutil belleza que agachó la cabeza y se arrodilló ante ella, sucumbiendo su gesto a un renunciamiento, abatido por ella que de cuerpo presente lo asestó con la daga, de sus ojos ausentes.
Amatista está sola frente al espejo de luces que la admira y contempla vestida con su piel obscura, que se ilumina a sí misma con la mirada perdida en un sueño imposible para su casta vida. Ella se debe a su esencia de mujer de teatro y está comprometida con su propia virtud, que la vuelve una estrella solitaria alentando la existencia de miles de cuerpos obscuros que viven de la luz que le brinda la diva.
Han pasado mil años en su calendario divino, y su piel ya no es tersa ni baila sobre las tablas, aunque sus ojos se internan en viejas fotografías que reviven la historia de la fiel heroína, su fantasma aún persiste en la quietud del teatro, iluminando a sus fieles entre acto y acto.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Albedrío


“Acoso” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
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Los tiempos modernos han llevado a una nueva concepción de las reglas de convivencia entre los seres vivos. Los acontecimientos propiciados por el hombre a lo largo de estos últimos milenios, le dieron la certeza que el desprecio por el prójimo solo lo puede conducir a la destrucción de la raza, sin prejuicio que la propia naturaleza intervenga en el conflicto emergente de este comportamiento. Solo los más inteligentes pudieron sobrevivir a este cataclismo y la supresión de la raza humana nos dejó el legado de comprender que el uso de la razón fue el detonante de su propia desaparición. Luego de asimilar que solamente la pasión los condujo por el camino de la verdad absoluta, y al descubrirla ha llegado a descartar su perimido razonamiento, y ahora el instinto administra sus decisiones sin lugar a dudas, puesto que la divergencia no tiene cabida cuando se conoce la verdad. El amor, la vida y la muerte son parte de esa certeza y ahora solo se dejan llevar por la certidumbre de la naturaleza sin temor a equivocarse, como el resto de los animales porque son parte de ella.
¿Qué han ganado?
–La mentira, el engaño y la hipocresía ya no existen y el mundo en el que viven es perfecto…
¿Qué han perdido?
-El discernimiento.
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Esta predicción ha sido basada en un hecho real (en proceso), aunque fueron cambiadas algunas circunstancias por atentar contra el libre albedrío de las especies involucradas.

Dios.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Architeuthis


“Architeuthis Dux y las ninfas” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
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Norman bucea en los confines de su mente armado con su pluma como arpón y una botella de ron como linterna. La bebida lo ha mantenido iluminado desde que se abandonó a la soledad de escribir esa novela. Para embeberse del ambiente marino, está viviendo en una pequeña embarcación a motor que se encuentra amarrada cerca del golfo San Matías, en el Atlántico sur, desde que se enteró que el Museo Nacional de Ciencias del Japón y la Asociación de Observadores de Ballenas de Ogasawara obtuvieron imágenes de un calamar gigante en su hábitat natural por esas latitudes. Ocasionalmente matiza su solitario trabajo con la visita de alguna joven lugareña a su bote, con la escusa del buceo deportivo, una de sus actividades náuticas preferidas. Aunque por su temperamento, él no suele mezclar el placer con su trabajo, a menudo confía a estas mujeres algunos pormenores de su novela en curso, porque eso le permitiría establecer un pronto vínculo con ellas, que seguramente lo conducirán a satisfacer sus libidinosas expectativas, las que una vez consumadas quedarán asentadas al concluir ese capítulo de su vida.
Luego de una semana de pasar en limpio sus ideas con varias copas en su sistema, hoy Norman comienza un nuevo ítem en su libro con la llegada de Juliana, una dulce joven ávida de emociones e inocente de desengaños. Norman la ayuda a subir al barco tomando su bolso y dándole la mano hasta que aborda completamente.
-“Pensé que habrías zarpado, disculpa mi demora” -Dice Juliana
-“No hay problema, estuve organizando el itinerario”-Le contesta Norman mientras desamarra y separa el casco del muelle –“Tal vez tengamos que alejarnos un poco más de lo previsto para lograr avistar algo”.
-“¿No estarás pensando ir hasta Malvinas?”- dice ella visiblemente preocupada.
-“No te asustes, no estoy buscando un calamar gigante, sería casi imposible hallarlo, me conformo con encontrar algo que me inspire en mi novela”-contesta Norman
-“¿Algo como qué?”
-“Con encontrar simple belleza submarina me conformaré” –le contesta mientras se dirige al camarote levantando levemente el bolso de Juliana, indicándole que pase a desempacar. -“Ponte cómoda mientras me encargo se salir de la bahía”. Él toma el timón mientras Juliana baja al compartimiento a cambiarse de ropa hasta que vuelve a cubierta con una diminuta bikini, que le dispara muchas ideas a Norman, aunque no está pensando en su novela.
Se zambullen un par de veces a tomar fotografías, como para justificar el viaje, y luego se preparan para la cena tomando una copa de vino en el camarote. Norman no se encuentra muy entusiasmado al ver la actitud esquiva de Juliana, que ya empieza a darse cuenta de las verdaderas intensiones de él, que insiste en que tomen más vino esperando algún cambio de disposición en ella, quien no muestra señales de tenerlo.
-“¿Tú crees que vas a tener sexo seguro conmigo, como lo has tenido con Alicia, o con Carmen?”-dice Juliana con visible enojo.
-“¿Las conoces?”-Pregunta muy intrigado Norman.
-“Esto no es Buenos Aires, es San Antonio…Pueblo chico infierno grande, suelen decir”.
-“¿Por qué aceptaste venir entonces…?” Le dice él mientras le sirve otra copa de vino, que ella toma muy segura de sí misma.
-“Soy mendocina, y si crees que me vas a emborrachar con esto, debes saber que nosotras desayunamos con vino desde niñas, y por lo que sé, a vos sí que suele hacerte efecto”.
Norman deja su copa y se levanta a buscar una botella de ron que guarda en una gaveta mientras dice: -“Entonces, vamos a equiparar las cosas… (Sirviendo ambas copas) Es cierto… a mí la bebida me afecta, aunque para bien, porque me inspira a hacer algo creativo, como amar”.
-¿Amar? ¿Qué tiene de creativo eso? A menos que hables de crear bebes… (Mientras toma el contenido de su vaso y extiende la mano nuevamente.
Norman le retira la copa y se sienta a su lado mientras dice:-“Ya es suficiente…” y se besan apasionadamente. Súbitamente, algo golpea el casco de la embarcación, provocando que se aparten uno del otro sobresaltados. Norman se levanta y sube a cubierta cuando puede ver una lancha amarrada a su barco en medio de la noche. Corre nuevamente al camarote a buscar un arma que oculta bajo un asiento, cuando entran detrás de él Alicia y Carmen, vestidas con trajes de baño:
-“¡Deja eso, solo queremos rescatar a Juliana de tus tentáculos!”-Dice Carmen.
Norman guarda nuevamente el revólver en su escondite y se sienta nuevamente junto a Juliana, toma la botella de ron y sirve otras dos copas que toma de una vitrina que se encuentra sobre la pequeña mesa, mientras dice:-“Bueno, parece que ahora sí vamos a tener una fiesta”.
-“Sigue soñando”-Dice Alicia mientras toma a Juliana del brazo y la hace levantarse de la mesa, cuando Carmen, pone una mano sobre su hombro y le dice:
-“Tranquila…Tal vez él tenga razón… (Mientras le hace una seña con la mirada a Juliana) Una copa de ron no nos vendría mal, además es tarde para volver a la bahía y tenemos que esperar la marea alta para llegar a puerto”. Todos se sientan en torno a la mesa y beben hasta aturdirse. Norman espera que alguna de ellas empiece a echarle en cara el que las haya usado para satisfacer sus instintos, pretendiendo amarlas, pero ninguna lo acusa… Solo beben y lo miran con insistencia. Norman bebe, y extiende sus brazos por sobre los hombros de las jóvenes y por un instante se sintió en terreno peligroso, pero luego, las tres hermosas jóvenes empiezan a desvestirse y se abalanzan sobre él colmándolo de caricias y quitándole toda su ropa. El aroma a ron invade todo el barco y por su mente pasan decenas de imágenes que se grabarán por siempre en su memoria, una vez que las haya plasmado en su novela. En un exabrupto de placer y erotismo las tres beldades lo levantan en su inspirada levedad y lo llevan a cubierta donde la cálida noche se une a su fiesta y con una espléndida luna de testigo se zambullen en la inmensidad del océano, buceando en los confines de su mente, con una botella por linterna y tres hermosas ninfas como musas.
La mañana lo sorprende recostado sobre su máquina de escribir, con el último capítulo de su novela terminado. Se despereza y se apresta a salir a cubierta a disfrutar del nuevo día. Desde otro barco amarrado en la marina un vecino le grita:
-“¡Hey, Norman! ¿Cuándo vas a salir a navegar en ese bote?”
-“Cuando pueda comprarle un motor, mientras tanto…solo vivo aquí”.

domingo, 13 de septiembre de 2009

La mujer Perfecta


“Salto eléctrico” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909134526717
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El profesor Roger Hertz dicta la Cátedra de Neurocibernética en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Su obsesión por el trabajo lo ha llevado a desconectarse del mundo exterior, limitando su vida de relación a lo estrictamente profesional. Conoció a su esposa Sandra en

martes, 1 de septiembre de 2009

Sueño eterno


“Vida después” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909014344783
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La fiebre mantuvo mi cuerpo flotando durante varios días y no importa cuán intenso fuera el impulso que mi cerebro le diera a mi sistema nervioso, mis músculos no obedecían su mandato permaneciendo tiesos, sin la menor tonicidad que diera movimiento a nada de mí,


sábado, 29 de agosto de 2009

Introspección vital


“Introspección Vital” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0908304290755
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El Dr. Hugo Hoffstain es un joven cirujano con clínica propia, equipada con la más alta tecnología, gracias a la herencia familiar, de una familia que ni siquiera merece llamarse propia.