martes, 3 de noviembre de 2009

La belleza de lo efímero



“Mujer de arena” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0911034819998
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La belleza guarda relación con el tiempo que la ostenta y por alguna razón somos conscientes de ella por la brevedad de su influencia.
Al esfumarse el cuerpo que la contiene su imagen permanece en nuestras retinas hasta grabarse indeleble en la memoria. Un momento de permanencia en el universo la hace perdurable y el hueco que ocupa su lugar pasa a formar parte de una constelación de ausencias que se ocultan en vacíos omnipresentes.
-¿Cuál es el propósito de su existencia si no es apreciada?
-¿Por qué nos esforzamos en comprender su esencia intelectualizándola, cuando se precisa un solo instante para descubrirla?
-¿Significa algo bueno o una simple distracción activada para movilizarnos?
-¿Es real o solo existe en quien la percibe?
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Una escultura en la arena permanece hasta que el mar decide pasar su mano sobre ella, acariciándola y salvando la imagen en su memoria líquida; guardando en su superficie plana el vacío impreso de su evanescencia.
El artista siente que su ofrenda le da a su musa una nueva vida, renovando su apasionado apetito por descubrirse esculpida con las manos de su amado y la noche baja sobre la playa como una prensa que al abrirse en la mañana imprime su estampa en el cielo, desde donde Febo abre su único ojo dorado que admira el sublime milagro amanecido de un amor furtivo, recostado en la arena de sus recuerdos.