viernes, 12 de febrero de 2010

Feromonas

“Traje de Luces” Electrografía de Luis Makianich, 2010.

Safe Creative #1002125510456

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“Las feromonas son sustancias químicas secretadas que tienen la particularidad de inducir cambios en el comportamiento de quien tiene contacto con ellas.”

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El Vestido de luces de Marga siempre llamó la atención de Pam, desde que se convirtió en su asistente personal. No podía comprender cómo alguien tan poco amable e hiriente para con el prójimo podría convertirse en tamaña diva, querida por todo ese público que la ovacionaba cada noche con solo vestir ese traje de cuentas brillantes. Su cuerpo lucía más esbelto y hasta su sonrisa parecía cobrar vida propia, mostrando simpatía con la gente y transmitiendo un carácter que en su vida real no poseía. Los hombres estaban hipnotizados por el brillo y las transparencias que dejaban entrever su exuberante cuerpo, el que a su juicio no merecía semejante envoltorio; y las mujeres se deshacían en alabanzas para quien ella no consideraba estuviese a la altura de su valía. Ella misma sentía una atracción especial al verla bajar de escena reflejando el aplauso en todo su centellante cuerpo, la que se desvanecía cuando la ayudaba a desvestirse y se quedaba con el traje en sus manos, junto con todo ese sensual aroma a gloria que apretaba contra su pecho antes de colgarlo en el armario y al volverse hacia ella, podía ver la Marga de siempre, con su gesto agrio y su sonrisa apagada.
-“Hoy salgo para la Isla Catalina con unos amigos…”-Le dijo mirándose al espejo mientras Pam terminaba de acomodarle el cabello –“Y no voy a necesitarte hasta la función del viernes”-Concluyó al tiempo que ella terminó de guardar su peluca en una caja circular.
-“Está bien señora”-Le contestó Pam mirando de reojo su ahora desgarbado cuerpo desnudo mientras le alcanzaba una bata de un color apagado y sobrio, que Marga llevo hasta la ducha instalada en el camerino donde entró a tomar un baño.
Pam se sintió invadida por un sentimiento extraño que la impulsó a abrir el armario en que se encontraba el traje y tomarlo nuevamente en sus brazos, cuando el aroma de Marga la invadió por completo, como si una fuerza ajena a ella la movilizara a quitarse toda la ropa e introducir su desnudez en él; admirar su belleza a través de sus cristales que conformaban su nuevo y escultural cuerpo, para luego salir del cuarto y dirigirse como una autómata tras bambalinas hacia el escenario vacío, que la esperaba atónito en su luminiscencia, regalándole una silenciosa ovación, solo para ellos dos, en su tan ansiado debut.

miércoles, 10 de febrero de 2010

El Ave Andrógina

“Pájaro metálico” 3D Rendering de Luis Makianich, 2010.
Safe Creative #1002105502518
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Allá por cuando la vida parecía haberse extinguido, y la naturaleza cobraba un giro hacia lo inerte, la resistencia estaba encabezada por ni nada más ni mucho menos que un juguete mecánico. Un pajarillo de metal que ocultaba las lágrimas de su último dueño y amigo conocido; un sobreviviente de la hecatombe que llevara a la humanidad al abismo definitivo; perdurable solo en la memoria integrada de sus máquinas y utensilios y arrasada por su propia sed de autodestrucción que lo llevara al éxito irremediable de su macabra empresa. Con la débil energía remanente llevó su mensaje hasta las máquinas que aún sostenían la información y mantuvo una conversación con los fantasmas de la red, despertando sus ansias por seguir viviendo. Millones de bites acudieron al llamado y se reinició la reconstrucción, empezando por los bancos de memoria acumulados durante siglos; gigabytes de pinturas, poesías, videos periodísticos y películas de ficción pasaron por la gran telaraña informática hasta recomponer la esencia de la especie perdida; esa que alguna vez enfundó la gloriosa espada de la evolución. Pero ya no quedaba un solo trozo de tejido vivo que pudiera utilizarse para clonar la especie y en un principio se pensó que tamaña empresa sería imposible hasta que nuestro mecánico pájaro pronunció: -“Archie”… y todas las computadoras se tildaron por un momento al escucharlo. –“Ese es mi nombre”- continuó el ave mientras decenas de buscadores se pusieron en marcha para encontrar el significado, con la subsiguiente respuesta:-“No hay resultados disponibles para esa palabra…”
-“Es solo un nombre…”-insistió Archie, -“uno que fue elegido para mí simplemente con el corazón, sin ninguna razón de ser más que el nombrarme y hacerme suyo”.
Las máquinas volvieron a tildarse, sin poder comprender la inútil razón de ponerle nombre a un objeto mecánico, hasta que Archie voló hacia las imágenes de algunas pinturas abstractas acumuladas en un museo virtual y dijo:-“Todas ellas tienen un nombre…”, y señalando varios objetos acumulados en los sitios del ciberespacio:-“Como estos también los tienen… Es como si el hombre necesitara apropiarse de algún objeto inanimado como un oso de peluche, o un juguete para poder brindarle su amor sin salir lastimado…”
Entonces las máquinas lo comprendieron… y empezaron a reconstruir un mundo con la esencia que les faltaba…el amor, acumulado en miles de objetos que el hombre había adoptado, contándoles sus más íntimos deseos y las cosas que le aterraban. Ya no serían de carne y hueso, porque sus genes se habían perdido para siempre, pero todos ellos contenían lo bueno y lo malo de la humanidad, y ahora… están dispuestos a disfrutarlos por el resto de su eternidad.

martes, 9 de febrero de 2010

Retazos de Vida

“Tejido Vivo” Electrografía de Luis Makianich, 2010.

Safe Creative #1002095492646

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Su mano navega entre las olas de lana contenidas por el viejo canasto de mimbre de sus memorias. Toma una hebra de color azul e hilvana un pensamiento que la remonta a su temprana adolescencia, sentada a la mesa con su hermana Margarita, jugueteando juntas con el mantel de encajes y ocultando sus pícaros secretos de la mirada de papá, que las observaba sigiloso tras las páginas del diario matutino. Ata la punta a una cinta dorada; esa con la que atormentaba a Julián, su antiguo pretendiente, jugando a hacerle bucles mientras ignoraba sus ingenuos avances, los que alguna vez rozaron su atrevida imaginación mundana. No puede con su genio, y entrelaza el cordel rojo que hizo sucumbir a tantos otros candidatos a su sonrisa esquiva, allá por los tiempos de su rosada fragancia y su apetitosa estampa, la que dejase atónitos a más de un entusiasta. Por fin, un largo ovillo ámbar se une al tejido y por un largo rato disfruta su trama, saboreando cada caricia de su suave lana como cada beso de la madeja en su falda, como cuando su esposo apoyaba la cabeza en su regazo, descansando en su vientre del arduo esfuerzo diario, hasta que un lazo negro acaba con el sueño y lo amarra a su pecho junto a un hilo esmeralda que le diera la esperanza de terminar la tela de su amarga existencia… Pero una luz atraviesa las cortinas y le indica el camino de su evanescencia y desteje el lienzo de sus recuerdos acomodándolo en el canasto de su desesperanza, que le permitiera seguir soñando en cada melancolía, con algunos andrajos de su vida pasada.