viernes, 31 de julio de 2009

Las Amazonas

"Amazonas Postmodernas" Electrografia de Luis Makianich, 2009.
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“Donde quiera que los griegos ubicasen a las amazonas…siempre era allende los confines del mundo civilizado” (Peter Walcot).

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¿Cómo fue que sucedió, que nos sentimos atrapados por su influjo, aún con la certeza de tener el universo en nuestras manos? Nos abarrotamos de tecnología, en un desesperado intento de canalizar nuestros desvelos; La sociedad nos otorga la mayoría de los puestos jerárquicos, asegurándonos la potestad de todas las decisiones que nos confieran la supremacía de la especie. Nuestras familias se estructuran verticalmente, sustentándose en los más nobles principios, corporizándose en la educación de nuestros hijos y encumbrándonos a la cabeza, en un solemne acto de madurez social. Nuestra palabra es cuasi sagrada en ese ámbito y jamás una voz de mujer se interpuso en la cadena de consignas dirigidas hacia nuestros vástagos. Esta armonía se consolidó con la supremacía económica, que nos confiere el tener la atribución de los ingresos familiares, así como la decisión del destino de los fondos. Todo parece encuadrar según las convenciones de antaño, pero al ver la expresión de plácido acatamiento en esas hermosas criaturas, se me figura que algo sucede más allá de nuestra estructurada circunspección.

Mientras trato de balancear mis cuentas bancarias en la computadora, escucho la voz de mi esposa Ainia conversando por teléfono con Helena, una de sus más íntimas amigas, conversación a la que no presté mucha atención, confiado en que no sería nada interesante para mí; “cosa de mujeres”-pensé.

Poco después, ella me saluda desde la puerta con el celular en una mano, y la tarjeta de crédito en la otra, que levanta y agita brevemente mientras me dice:-“Bay cariño, hoy almuerzo con las chicas en el mall”, mientras hace un ademán de arrojarme un beso con la misma mano, aunque no sé si solo estaba besando la tarjeta. Al cerrar la puerta, mis ojos vuelven a la pantalla, cuando no sé si mi subconsciente me juega una broma y los números del banco empiezan a caer como fichas de dominó hasta convertirse en rojo fuego, lo que me provoca un sobresalto, dejando caer mi taza de café sobre el teclado, motivando un desastre mayor, y apagando abruptamente el monitor. Con semejante mal humor, decido recostarme en un sillón de la biblioteca a leer algún libro, el que elijo al azar entre los anaqueles. “Mitología griega”; me parece un excelente somnífero para tranquilizar mis ánimos -pensé. Efectivamente me dejo caer en el sofá, y el pesado volumen hace que mis párpados empiecen a temblar mientras abro su rígida tapa. Una antigua pintura con una hermosa mujer semidesnuda empuñando un sable y una lanza, acompañada por un feroz tigre obligan a mis ojos a permanecer abiertos hasta que leo: “Las Amazonas Andróctonas” (asesinas de varones). Mi avidez por esa lectura pudo más que mi sueño y comencé a devorar las páginas, abstraído como un niño en un videojuego. No fue el mito lo que me inquietó, sino comprobar que los nombres de los personajes como Helena, Mirina, Asteria e Hipólita coincidían con los nombres de las mejores amigas de mi esposa, hasta que también la encontré a ella en la frase:”Ainia, enemiga de Aquiles y una de las doce amazonas que acompañaron a Pentesilea a la guerra de Troya”. Puras coincidencias, supuse al principio, pero mi curiosidad me pudo y empecé a buscar entre las anotaciones de ella, su agenda, sus libros y ya no cupo duda; Todas las citas que tuvo en los últimos tiempos han sido con amigas cuyos nombres podía encontrar en este libro; Antíope, Cleta, Ares y ahora recuerdo…Pentesilea fue un nombre que me produjo mucha gracia cuando la conocí y mi mujer se rió de mí, tildándome de anticuado por no saber de la moda de nombres primitivos. Luego pensé que si todas ellas habían elegido su nombre conforme a una moda, tal vez se habían puesto de acuerdo en seleccionarlos de entre las conocidas amazonas.

Este último pensamiento me tranquilizó un poco, así que decidí volver a la computadora a continuar con mi balance, si es que encendía luego del cortocircuito. Al principio encendió con dificultad puesto que se había apagado forzadamente pero luego de un par de chispazos abre directamente en un sitio de la red algo extraño, donde se puede ver un video de una especie de templo moderno, sumergido bajo el agua con varias mujeres desnudas en poses artísticas, como en viejas pinturas, con sus cuerpos tallados en roca, agua, fuego, pero realizando ligeros pero sensuales movimientos, lo que denota que son reales. El nombre del sitio es “Antianiras.org”. Busco en el diccionario y descubro que ese nombre fue usado en la Ilíada para las amazonas, y significa: “las que luchan como hombres”. Preocupado, empiezo a navegar por el escenario virtual y descubro que algunas de las mujeres en él se parecen a las amigas de mi esposa hasta que reconozco la escultural figura de ella misma dándole la espalda a la cámara. Una sensación de abatimiento se apodera de mí, y permanezco atónito con los ojos puestos en la pantalla, intentando comprender que está sucediendo en esa infernal escena, pero nada sucede. Todas esas hermosas mujeres solo permanecen recostadas en diversas posiciones contemplándose mutuamente y dejando que yo y quién sabe cuántos más las vean, sumergidas en el acuoso templo, invocando un rito que las promulga por su belleza las reinas de la creación. Su gracia está implícita en todos sus movimientos y el suave sonido de sus voces, aún sin pronunciar una sola palabra comprensible para nosotros, nos transporta a un clima de inestabilidad, como si flotáramos sobre un precipicio y solo estuviéramos a salvo mientras su encantamiento permanezca cerca de nuestras vidas.

Entonces lo comprendí, y me dispuse a acatar sus órdenes como un manso cordero, sabiendo que mi vida depende de su sola presencia. Apago el computador, y empiezo mi vida de nuevo.

Unas horas después, se abre la puerta, y Ainia entra cargada de bolsas del centro comercial, mira el espacio vacío en los estantes de la biblioteca y me dice:”Veo que estuviste leyendo…”

-“Si, pero además estuve preparando la cena…una para los dos a la luz de las velas”.


miércoles, 29 de julio de 2009

La tribu

“Tribulaciones tribales” Electrografía de Luis makianich, 2009.

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Los leños colorean con fuego sus arrugados rostros al caer la noche; múltiples ojos chispean concéntricos un solo sueño, una esperanza, un deseo. Corazones como tambores resuenan al ritmo de sus mentes; sumidas en un vuelo humeante como mariposas nocturnas estrellándose contra el vidrioso velo de su desaliento. Las llamas esculpen la historia en sus largas cabelleras; trenzando sus demonios con sus espirituales ancestros, y convocándolos al rito de sus etéreas plegarias, hasta hoy dormidas en la madera quemada.

El más anciano se encuentra sentado con sus piernas cruzadas y la mente en suspenso sobre sus cabezas, que presienten su aura candorosa y quieta, como el tenue brillo del lago y la luna besándose a oscuras de miradas discretas.

La tribu presiente en un solo suspiro que las épocas tristes se irán desvaneciendo, con solo ver la hoguera alimentando sus almas y acelerando su pulso en el fragor de la danza. Las llamas chispean su alegría ignifuga desafiando su aliento de inocente osadía, creyendo en un sueño de hambruna y miseria; bailando su pena de lluvias sin trigo, de humo sin fuego y de dolor sin llanto.

Con fe en la memoria de sus antepasados, que vivieron del bosque y de sus riquezas; alimentando el suelo con sangre y su carne, se lanzan en busca del precioso tesoro, de cazar su dieta con arcos y flechas.

Pero el monte ahora es otro, y ya no se oye en la noche, ni el ave en vigilia ni la presa asustada, porque durante el día, cuando nada duerme, se escuchan las sierras que talan su alma.


lunes, 27 de julio de 2009

Amor anfibio

"El salto" Electrografia de Luis Makianich, 2009
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Rocío tiene dos amores, uno en la montaña y el otro en el mar. La cortejan desde niña y en cada atardecer, se disputan su belleza hasta que el sol se extingue. Ella juega con ambos saltando de uno a otro, entregando su cuerpo al viento que la mece como una hoja, desde su amante pétreo hasta los brazos de su amado néctar.

Desde las alturas el peñasco la observa con celosa mirada que atraviesa el aire de su derrotero, en tanto el mar golpea al risco con húmedas bofetadas reclamando con furia su preciado momento y ella zurce sus penas en cada puntada con un hilo de viento y por aguja su cuerpo que los une en la playa, esa tela de encaje que bordase en la arena, como si fueran uno en lugar de dos lienzos.

Al anochecer el cielo se suma a la riña, reclamando a Rocío con su sábana obscura de azul uniforme, y sedosos sueños que atrapan su alma, secuestrando a la ninfa de sus dos amores, que la esperarán ansiosos en la nueva mañana, recostada en la hierba de la montaña amada y flotando en el aire que sobre el mar descansa.