sábado, 17 de abril de 2010

La Rebelión de los Sitios.- El Portal.


“Templo Olímpico de Zeus”, Electrografía de Luis Makianich, 2010.
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En Grecia, la organización YSEE (Ύπατο Συμβούλιο των Ελλήνων Εθνικών, Consejo Supremo de Griegos Gentiles) se refiere al “Neo paganismo Helénico” como: “Religión Nacional Griega”, lo que ha provocado ciertas controversias con la Iglesia Ortodoxa Griega, las que han sido subsanadas en un juicio llevado a cabo en el año 2006, donde la Corte Suprema falló a favor de los primeros, determinando que el Paganismo Helénico dejaría de ser una religión prohibida.




Una nube espesa baja hasta el templo de Zeus, llenando los vacíos que emergen entre sus columnas corintias, como invocando a la divinidad a bajar a la tierra. Filipo observa el acontecimiento con cierta admiración hasta que la masa se confunde con el espacio intercolumnio en un diálogo entre la materia y la nada, entre la verdad y su opuesto, lo irreal. En medio de ese plano inhóspito, se abre una raja oscura desde dos de sus capiteles hasta el suelo invitándolo a entrar…o tal vez salir. Filipo siente que un gran vacío se produce entre el portal y su cuerpo succionándolo hasta que su proximidad se vuelve irresistible, un poco por masa y otro poco por falencia de ella, produciéndose el encantamiento que le impide razonar y lo obliga a someterse a su voluntad. Casi sin notarlo se encuentra bajo el mágico trilito y la visión de la negra inmensidad lo perturba hasta que intenta evitar el obvio desenlace, coqueteando entre las columnas que yerguen su esbeltez inmaculada sobre el suelo, atadas a lo terrenal y elevando su espíritu hacia el cielo, que le anuncia en cada triglifo un mensaje incierto. Su cabeza se encuentra aturdida por su dinamismo y por un momento, el deseo de conocer se apodera de su mente hasta que la mano de una joven mujer lo toma del brazo para detenerlo y le dice:
-“¿Te encuentras bien?”
-Filipo, aún mareado gira hacia ella para mirarla aunque con la vista todavía perdida en esa atrapante oscuridad y retardando su reacción le dice: -“¿Disculpa…?”
La joven le responde un poco confundida:-“Me pareció que te ibas a desvanecer…seguramente por el calor”
Filipo, al ver la hermosa apariencia de la joven, decide olvidar su anterior trance y se presenta extendiéndole su mano:- “¿Y tú eres…?”
-“Olympia…”-aceptando estrecharla suavemente y esperando por su nombre. El siente que falta algo en el diálogo y repentinamente reacciona diciendo:-“Zeus…”-Mientras Olympia lo mira incrédula hasta que una sonrisa picaresca le confirma que es una broma…
-”Filipo…es mi nombre, Zeus es quien mora éste lugar”-Confiesa mientras gira nuevamente la cabeza hacia el Templo Olímpico, comprobando que las nubes se han ido y este cobra nuevamente su forma tridimensional de origen.
La joven pareja se queda conversando el resto de la tarde sin ocultar su entusiasmo, sentados en la base del templo como si se hubiesen conocido desde siempre, sin prestarle atención a los turistas que asedian el lugar con sus cámaras fotográficas y por un instante se ven a sí mismos como dos personajes de la antigua Grecia, envueltos en su arquitectura e inspirando sus palabras en ancestrales situaciones, que difícilmente pudieron haber sido vividas por ellos, cuando el sol evapora al resto de la gente mientras se oculta en el horizonte, y aquella nube vuelve por sus almas convirtiéndolas en parte del paisaje, que de nuevo se funde con la volumetría del templo ahora manifiesto en un único plano donde llenos y vacíos conviven en el mismo espacio, y la brecha oscura emerge de entre las piedras convocándolos a ambos a traspasar el portal, entrando o saliendo de un mundo al otro, a desvanecerse junto a la noche.
El rito sagrado vuelve a repetirse a través de los tiempos…solo cambian los nombres o los personajes, pero el juego es el mismo…uno que nunca aburre a las divinidades en su eterna permanencia.