sábado, 29 de agosto de 2009

Introspección vital


“Introspección Vital” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0908304290755
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El Dr. Hugo Hoffstain es un joven cirujano con clínica propia, equipada con la más alta tecnología, gracias a la herencia familiar, de una familia que ni siquiera merece llamarse propia.

Abandonado por sus padres naturales, fue criado por una pareja de ancianos que practicaron la medicina durante toda su vida hasta jubilarse, quedando a expensas de su soledad, sólo mitigada por la alegría que les proporcionase el niño Hugo, a quien mantuvieron en una burbuja, límpida de toda bacteria que amenazara su felicidad.
Víctimas de su nostalgia, los Hoffstain indujeron a su protegido a que abrazara la carrera que ellos han sabido amar todos estos años, a lo que éste accedió no solo por agradecimiento, sino para satisfacer su incipiente paranoia hipocondríaca, fomentada desde sus padres adoptivos.
Hoy su vida profesional es exitosa aunque no se puede decir lo mismo respecto de lo social. El aislamiento a que estuvo sometido durante la niñez, se ve reflejado hoy en su adicción al trabajo, a tal extremo que lo prioriza respecto a la vida de relación; su especialidad: El estudio de su propio cuerpo. Desde un principio pensó que debía protegerse de cualquier agente externo que afectara su salud; empezando por pensar que la mayoría de las veces en las que ocurre una anomalía es por producto de nuestro propio descuido y poca rigurosidad con la higiene y la dieta. Con el paso del tiempo esta filosofía se convirtió en una obsesión y hasta llegó a pensar que un enemigo habita en su interior, sometiéndose a toda clase de estudios introspectivos para satisfacer su curiosidad, aún cuando ningún síntoma avalara la necesidad de establecer un diagnóstico. Empezó por su aparato digestivo, realizando ecografías de esófago y estómago; realizó estudios en su hígado y páncreas; hasta se permitió someterse a una rectoscopia para prevenir el cáncer de colon y llegó a hacerse extirpar el apéndice, por cualquier eventualidad que pudiese acontecer en el futuro. La ausencia de sintomatología, lo llevó a justificar sus fracasos en la vida social con supuestas zancadillas que le propinara su “enemigo interno” apelando a su sistema nervioso, como cuando se quedó enmudecido frente a Julia, aquella joven de la universidad y todo su cerebro ordenaba que dijera algo apropiado, o cuando pese a que siempre mantuvo su cuerpo en perfecto estado y sus músculos le jugaron una mala pasada, al tropezar exactamente frente a ella durante aquella maratón.


Hoy el sistema nervioso de Hugo debe someterse a una exigente prueba más, puesto que debe encontrarse con Julia, a recordar viejos tiempos, y no puede fallar. Ya en un bar con Ella, Hugo teme que su enemigo lo agreda nuevamente, interponiéndose en sus avances con la joven, y tartamudea un poco desde el principio, lo que Julia toma con simpatía.
-“Ah!”- dice Julia siendo sarcástica, “Eras humano”. Hugo se paraliza como en aquella ocasión en que enmudeció ante ella, pero luego logra sobreponerse y responde:
-“Si, sólo cuando bebo” y se sirve otra copa de vino.
-“Hubiera jurado que no bebías”-contesta ella.
-”Solo en grandes ocasiones”-poniéndose la copa en la boca mientras habla, tiñendo de rojo su camisa blanca, y sin ocultar su enojo deja la copa para continuar…”Como puedes ver, esta es una gran ocasión para mí, ya que indefectiblemente la arruino”.
-“No entiendo tu punto”- dice Julia intentando ignorar su torpeza para calmarlo. Hugo intenta evadir los impulsos de terror que provienen desde su interior y por fin se confiesa.
-“Creo que hay algo o alguien en mi interior que interfiere en todo lo que deseo, algo así como un enemigo íntimo que comanda mis movimientos desde mi cerebro, haciéndome obrar como un idiota en ocasiones, con el simple propósito de impedir que me relacione con gente que me interesa”.
Julia no hace caso a tal confesión y le sugiere:-“Nada que más vino no pueda solucionar” (levantando su copa para brindar, incitándolo a hacer lo propio). El comprende que la conversación no va por el camino esperado y decide hacer a un lado sus temores aceptando la implícita invitación de Julia de cambiar el diálogo verbal por juegos de miradas y caricias. La velada continúa en su consultorio, luego que Julia le pidiera conocerlo. Hugo abre la puerta con una botella de vino en la mano, enciende las luces e inmediatamente la conduce al quirófano, que es su orgullo personal.
-“¡Esto es espléndido!”-exclama Julia al ver la inmaculada sala plagada de sofisticado equipamiento médico, mientras se recuesta en la mesa de operaciones, sugiriéndole a él que se acerque a ella. Hugo no se percata de esta señal romántica por parte de ella, entusiasmado con mostrarle sus máquinas y le dice:
-“Con esta computadora, yo podría programar el bisturí laser de modo tal que pudiera operar automáticamente, siguiendo el proceso de corte que yo le imponga de antemano”.
-“¡Que interesante!”-exclama Julia visiblemente decepcionada por la actitud pasiva de Hugo.
-“Y con este equipo… (Continúa sin advertir la expresión de Julia) hasta podría operarme a mi mismo sin temor a fallar por su alta tecnología”.
-“¿Sabes qué…?-(Dice Julia ofuscada mientras se baja de la mesa metálica) Deberías hacerlo, y de paso extirpar a ese enemigo que llevas adentro y te impide gozar de la vida”. Ella toma su abrigo de una silla y abandona la sala de un portazo.
Hugo camina hasta un espejo que se encuentra frente a la computadora y mirándose fijamente se dice:-“Te lo advertí, esta es la última vez que voy a permitirte interponerte con mi vida”-mientras enciende la pantalla y teclea algunas coordenadas en el equipo. “Que estés en mi interior no te da derecho a usurpar todo mi cuerpo”-mientras se acuesta en la camilla de operación. “Esta vez te vas a quedar de tu lado”- mientras mira fijamente al bisturí laser con una sonrisa desafiante.
El equipo termina el ciclo de calibrado y un brazo se desplaza verticalmente con el haz laser sobre la cabeza de Hugo pasando por su frente entre ambos parietales, su tráquea, el tórax su vientre y la pelvis hasta que su cuerpo se abre en dos como un melón, con un corte seco y preciso.
La porción izquierda de su cara muestra media sonrisa de satisfacción en tanto la derecha, muestra su media sonrisa con una expresión diabólica en la mirada.

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