miércoles, 19 de agosto de 2009

Infierno


“Infierno” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
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Me resulta muy difícil establecer el punto de inflexión de mi existencia; aquel en el que se podría decir que ha cambiado algo significativo para mí; incluso no me atrevo a pensar que pudo haber sido el día que morí.
No es el día que dejé de existir, porque de hecho aún existo, o no podría estar pensando todo esto, ni recordar siquiera todo lo que he vivido cuando aún tenía un cuerpo que se ajustase a mi espíritu. Todavía tengo presente la mayoría de los sucesos que acontecieron durante mi vida, sin embargo, me cuesta diferenciar entre aquellos que me hicieron feliz y aquellos en los que sufrí del infortunio. Es que en el lugar en el que estoy no existen parámetros para evaluar las diferencias. Mi cuerpo se atormentaba constantemente con situaciones que ahora no me parecen significantes en lo absoluto; sentía placer por experimentar las vicisitudes de la vida que aquí me resultan irrelevantes, inclusive actuaba según reglas de convivencia con mis semejantes que hoy, en donde me encuentro serían absurdas. Aún así, no creo que el momento en el que cambié del estado sólido al gaseoso, si es que así puedo llamarlo, fuera el mismo en el que un cambio se produjo en mí.
En este “no lugar” no tenemos códigos ni reglas a seguir; no existen las leyes de la física, al menos como las conocíamos en vida, puesto que el fuego no quema ni nos devora, ya que tiene la misma composición que lo que acá llamamos nuestro cuerpo; podemos comer, pero no necesitamos alimentarnos y el vino no sacia la sed ni cambia nuestra actitud, que de hecho es siempre la misma; y el amor…no existe, como nunca existió para todos los que habitamos el infierno.
¿En qué momento de esta eterna agonía, empecé a sentir la necesidad de tener un propósito? Con este cuestionamiento me introduzco en las ardientes flamas de la piscina pública, ya no con mi acostumbrada razón de intentar sentir placer con el contacto físico de alguna condenada mujer, sino con el ferviente deseo de escudriñar en la historia de su anterior vida, buscando algún indicio que me haga comprehender alguno de mis porqués. Una hermosa mujer de cabello cobrizo me mira con avidez y me acerco a ella intentando no sucumbir a su belleza para poder cumplir con mi objetivo.
-“¿Cómo están las llamas?”- le digo para romper el hielo.
-“Ardientes”- me dice zambulléndose en mi cuerpo y abrigándome de caricias.
Yo intento atemperar un poco la situación invitándola a jugar un juego “distinto”, que es lo que todos acá añoramos:-“¿Qué tal si hacemos algo nuevo?”
-“¿Qué puede haber de nuevo que no hayamos jugado ya?”
-“Tal vez conversar”- contesto con seguridad.
Ella se queda mirándome intrigada para luego decirme:-“No… no creo que estés loco, porque a esos no los condenan al fuego eterno”. Mientras me observa de arriba abajo inclinando su espalda hacia atrás como si se apoyara en una llamarada, que brota detrás de ella como provocándome para luego preguntar:-“¿Y bien…?”
-“¿Y qué pensarías si lo estoy? ¿Acaso no puede suceder que por error haya sido condenado?”
-“Eso sí sería interesante, ¿quién sabe la cantidad de variantes entretenidas que podría yo hacer con un desequilibrado?”- dice mi hermosa joven seduciéndome con su mirada.
-“Entonces juguemos a que ambos lo estamos, y pongamos reglas”.
-“¿Reglas?”
-“Exactamente. Llevamos una eternidad haciendo lo que nos venga en gana; sin prejuicio de lastimar a nadie, porque aquí nadie puede ser lastimado; sin importarnos si el otro goza cuando tenemos sexo, porque es solo un juego y abusamos de la gula y la avaricia porque nada de eso puede cambiarnos nuestra actual agonía; así que instituyamos un código de comportamiento, como si en realidad importara”.
-“Suena divertido”, dice otra joven que oyó nuestra conversación y se acercó a nosotros acariciando nuestros cuerpos como invitándose a participar. Mi compañera le devuelve sus caricias como aceptándola en el juego y yo intento contener la situación proponiendo:
-“De acuerdo, tal vez sería un poco engorroso crear una serie de reglas para este juego, por lo que sugiero que utilicemos las viejas normas de convivencia que solíamos tener en nuestras vidas pasadas aunque nos parezcan inútiles en este medio…y así podemos empezar de inmediato”.
-“Muy Bien, empezamos por ponernos nombres, o mejor, ¿qué tal si utilizamos los que solíamos llevar?”- dice mi compañera:-“Soy Sofía”
-“Soy Mara”
-“Yo Dante, y propongo que empecemos recordando qué nos trajo aquí”
-“Yo engañe a mi mejor amiga Elvira con su esposo Julián y ella nos mató a ambos suicidándose después; por supuesto que están aquí en la piscina”- Dice Mara mientras levanta su mano hacia ellos, agitándola para saludarlos:-“Hey, chicos, ¿por qué no se integran?- les dice mientras hace una risita pícara y ellos se acercan a nuestro grupo junto con otros espíritus que nadan sobre las llamas hasta nosotros, frotando sus cuerpos con los nuestros, que es como un saludo común en estos lares.

-<>- les digo a todos con entusiasmo.
-“Empecemos contando nuestros “pecadillos” del otro mundo para establecer una base para el diálogo- Dice Sofía.
-“No creo que funcione”,-dice Julián, “cuando engañamos a Elvira con Mara y ella nos asesinó, pensamos que lo nuestro había llegado a su fin, y sin embargo, ahora no solo estamos juntos los tres, sino que tenemos sexo grupal sin siquiera sentirnos molestos”.
-“Tiene razón Julián”-dice Elvira, “¿Cómo podremos actuar con esas viejas reglas si ni siquiera podemos sentir resentimiento por los hechos pasados?”
-¿No sienten curiosidad por saber cómo se siente el remordimiento?”-les digo, “o la pasión”.
-“Si mal no recuerdo…” Dice un espíritu del grupo, “La pasión sólo nos llevaba a la decepción, y respecto al remordimiento, ya deberías saber que los que llegamos aquí, a este infierno, lo hicimos por elección”.
-“No te comprendo, ¿estás diciendo que no eres un condenado?”
“Ninguno de nosotros lo es…Todos llevamos la vida que quisimos; quién robó, lo hizo porque pensó que así estaría mejor; quién violó, satisfizo sus deseos, así como el que mató, lo hizo por alguna razón que lo benefició, y el estar aquí, es el resultado lógico de una vida llevada a cabo con voluntad de venir a seguir haciéndolo, sin sufrir las consecuencias de esas reglas que ustedes desean rememorar con este juego”.
-“¿Cuáles consecuencias?”-le pregunto un tanto ofuscado.
-“Me refiero a que desde que estamos aquí, no importa si tenemos sexo con una mujer que no nos pertenece, nadie resulta afectado y por ende no afecta el desarrollo de nuestras existencias, ya que por no “gozar” de la pasión, o del amor, ese acto es considerado intrascendente y como es costumbre aquí, no desemboca en la menor discusión, que es algo que ya habíamos olvidado.”
-“¡Hasta ahora!”- replico:-“Desde que estamos aquí, esta es la primera discusión que se produce, y con bastante “pasión”, si me lo permiten. ¿No creen que este hecho amerita que nos replanteemos nuestros verdaderos deseos?”.
-“Muy cierto”-dice Sofía:-“Nunca me había divertido tanto desde que robé aquella joyería en Paris”.
-“No entiendo por qué te resultó tan divertido ese evento”- Alguien comenta.
-“Ahora que lo pienso, creo que era la adrenalina recorriendo todo mi cuerpo, al saberme en peligro de muerte…me hacía sentir viva”.
-“¡De eso exactamente se trata este juego!”- insisto:-“Si podemos recordar lo que nos hacía sentir estar vivos, podremos revivir”. En ese momento las llamas de la piscina cobran más fuerza y todos nosotros podemos sentir su calor, y hasta se sintieron algunos quejidos provenientes de la multitud que se ha agolpado en torno a nosotros y están participando del juego. Algunos de nosotros empezamos a preocuparnos por este acontecimiento, que rara vez ha ocurrido en esta eternidad.
-“¿Qué fue eso?” –comenta alguien asustado.
-“Debe ser Lucifer, castigándonos por desafiar sus reglas”-dice alguien más.
-“¿Reglas?”-dice Sofía, “aquí no hay reglas, y es por eso que estamos en este lugar”.
-“Eso es correcto”-les digo a todos:-“Julián estaba en lo cierto al decirnos que estamos en el infierno como resultado de lo que quisimos durante toda nuestra vida; este infierno está en nuestro espíritu y somos nosotros los que decidimos qué sentir y cuándo no debemos hacerlo”.
-“Si es así, ¿por qué siento el fuego y el ardor de las llamas me está quemando?”-se escucha decir a alguien.
-“Creo saber qué sucede”-respondo:-“Este juego nos despertó la memoria y estamos aprehendiendo a sentir, como en nuestra vida pasada, y si soportamos el dolor, también podremos sentir el perfume y apreciar la belleza de nuestros cuerpos, y hasta sentir la pasión…y el amor”.
Al decir esto, las llamas se agigantan y se escuchan terribles estruendos que nos atemorizan, como no lo habíamos estado en toda nuestro eterna existencia, de tal modo que nos abrazamos unos con otros y esta vez sí pudimos sentir la textura de nuestros cuerpos, como nunca antes, y lo gozamos como si fuéramos felices por primera vez, y ya no importa el fuego, porque sentir el dolor es como una bendición.
Los truenos se escuchan cada vez más fuertes y ahora se pueden ver terribles rayos que caen desde arriba hasta que una milagrosa lluvia inunda la flameante piscina, apagando su ignífuga flama con una celestial tormenta de agua y pasión, envolviendo nuestras almas que se encuentran entrelazadas en un rito de amor, corporizado en todos nosotros flotando en su gracia. Y la noche se vuelve día, y despertamos abrazados en la hierba húmeda, con un cielo hermoso cobijándonos, junto a maravillosos sonidos de los pájaros volando entre fragantes árboles frutales, desnudos como Dios nos trajo al mundo…de nuevo.

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