domingo, 21 de junio de 2009

Virtualidad

“Adán y Eva en el Ciberespacio” Electrografía de Luis Makianich, 2009

Safe Creative #0906184035084

Esta mañana se levantó decidida a rediseñar su perfil. Luego de ducharse contempla su cuerpo desnudo frente al espejo y determinada a acabar con toda evidencia de la mujer que fue, rocía con aerosol todos los cristales reflejantes de la casa. Cubre su cuerpo con una playera y se prepara el desayuno mientras medita sobre algunos aspectos de su nuevo yo. Abre la licuadora e introduce cada pieza de fruta combinada con una determinada idea para su nueva configuración. Esta vez el batido debe resultar perfecto y su nuevo ser…Exquisito. Vuelca el contenido de su imaginación en un gran vaso y lo lleva consigo hasta el escritorio, donde se encuentra la computadora. Mientras la enciende lleva el recipiente a su boca y bebe un sorbo de su propio diseño como para apropiarse de su espíritu y comienza a construir su mentira virtual.

Apoya las yemas de sus dedos sobre una tabla digitalizadora y un rayo de luz emerge desde el centro de su escritorio, sosteniendo una diminuta figura tridimensional de mujer suspendida en él. Conforme mueve sus manos la efigie gira y se transforma como si modelase en barro su propio cuerpo. Una voz electrónica se escucha preguntando:-“¿Nombre...?” – ella saca un libro de uno de los cajones del escritorio y lo abre al azar para luego tipiar: “Meryl” y luego repetir en voz alta para escuchar por si misma su nuevo nombre:-“Meryl…sí, creo que es apropiado”.

En los siguientes minutos Meryl amasa la figura flotante hasta complacer sus expectativas para luego concentrarse en su cabeza, que ahora es amplificada casi a tamaño natural por su computadora. Como si se maquillara da forma a su imagen haciendo y deshaciendo conforme su humor le imprime deseos hasta que por fin el modelo resulta de su agrado. Vuelve al tamaño inicial y lo observa girar hasta que su cuerpo desnudo llena de alegría su alma. Pasa varias horas probándole vestidos de los catálogos más prestigiosos del mundo, que tiene a su mano gracias a la red, disfrutando cada instante como una niña con su muñeca, ensayando frases sugeridas para diferentes ocasiones, hasta quedarse dormida en el instante en que sus manos se separan de la tabla y su sueño se esfuma en el aire.

Al despertarse a la mañana siguiente, descubre que durante la noche su mente siguió configurando los distintos pasajes de su vida, con las nuevas características de su personalidad y que ahora sí, estaba lista para salir al mundo; ensayar su nueva historia que le depare un nuevo futuro; un nuevo día, nueva vida.

Con sus nuevas armas se introduce en la guerra por el amor soñado, participando en un grupo de conversación de los tantos que pudo elegir en el interminable ciberespacio. Meryl desplaza todo su encanto en un escenario virtual compartido por una docena de personas de ambos sexos y excelente predisposición a la batalla. Los temas que se abordan son variados y pronto el grupo se va sectorizando por decantación de la diversidad de afinidades hasta que el suyo se reduce a un triángulo cuyo vértice más alto es Elías, y su competidora es Cintia. El trío pasa a un nuevo y más reducido escenario donde pueden apreciarse de cuerpo entero suspendidos sobre la superficie de sus respectivos escritorios con una esfera de entorno proyectado como sala de reunión. Los tres se encuentran ataviados conforme la ocasión pero algo de superficialidad se nota en su conversación pese a que todos cuentan con la ayuda de algún programa que supla su evidente falta de intelectualidad. Elías narra sus aventuras como cazador en África mientras Cintia lo escucha con idolatría, lo que provoca que Meryl se muera de aburrimiento. No tarda en desconectarse del aparato y lo intenta nuevamente con otro grupo, hasta que comprende que su propia apariencia la induce indefectiblemente a caer en el mismo tipo de situaciones una y otra vez. Cambia de Nombre y de personalidad tantas veces como su deseo de amar se lo pide, y ahora es Rosa, como otras veces fue Carmen, Elvira o Cleo; Pero esta vez algo parece ser diferente. Por primera vez es deseada por alguien a quien ella le corresponde; y no hay una tercera mujer en discordia. Sus palabras se entrecruzan en el espacio cibernético formando frases que parecieran salir de uno u otro en forma indistinta y finalmente, Rosa cree haber encontrado una mentira eficaz que la conduzca al amor de su vida; que siente y piensa como ella desea y seguramente podrán ser felices por siempre en el ciberespacio, hasta que Andrés pronuncia una frase que la deja pensando:-“Uno no es lo que es, sino quién pretende ser…”

Rosa se siente un poco perturbada y se queda sin palabras, por lo que deja por un momento a Andrés y se dirige al sanitario. Por su cabeza pasaron nuevas interrogantes acerca de su amado y de sí misma. ¿Él es quien ella cree que es? Cómo saberlo, si toda su relación se construyó sobre fantasías. ¿Cómo pensar en que Andrés la ame como ella es, si ni Rosa misma lo sabe? Pensando esto rompe en llanto y enjuaga su cara en el lavabo para borrar la última huella de su dolor. Dirige su mirada al espejo y descubre que éste aún se encuentra opacado con aerosol y no le devuelve su reflejo. Pasa su mano por el cristal y advierte con sorpresa que su apariencia no difiere de su actual aspecto virtual y en su bata puede leer la inscripción…”Rosa”.

Rosa termina de acomodarse el cabello, y deja caer su salto de cama al piso descubriendo su cuerpo por completo; Se mira al espejo girando levemente a uno y otro lado y con una sonrisa de satisfacción se dirige al encuentro de su amado, que la espera impaciente en su mundo virtual.

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