miércoles, 15 de julio de 2009

Utopía, La Ciudad Ciclotrónica

“Ciudad Ciclotrónica / Superconductor”- Mención especial “Concurso Utopía”

Por Myriam Mahiques y Luis Makianich, Arquitectos en 1989.

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En ningún tiempo y en ningún lugar debiera encontrarse Utopía, una Ciudad Ciclotrónica, de estructura lineal y complexión espiral con origen indefinido y extensión infinita. Su única calle está integrada por un superconductor que provee de energía de la ciudad y a su vez genera un campo magnético sobre el que transita un tren a ultra velocidad y conecta las diversas barriadas, aunque su único fin es el intercambio de insumos, puesto que los habitantes jamás se desplazan de sus hogares, al menos no físicamente. El campo electromagnético que produce el superconductor les provoca nauseas, aunque a los Mactrolls, (alienígenas hostiles que han invadido la ciudad en los últimos años) les provoca la muerte, y es por eso que los nativos decidieron permanecer cerca de la espiral, que les brinda protección.

Sus edificios son estructuras biotécnicas, que como si fueran árboles crecen paralelamente a las familias que los ocupan, proveyéndolas no solo de cobijo sino también de alimento. Así cada núcleo familiar se identifica con las características arquitectónicas de su vivienda creciendo y transformándose conforme los nuevos requerimientos sociales se suceden, y a medida que nos desplazamos por la espiral, notamos cómo los distintos grupos étnicos se mimetizan con las diversas especies o estilos de arquitectura. Pareciera ser que sus diferentes alimentos determinan no sólo su contextura física, sino también su preferencia sociocultural así como su forma de vida, organizada según un orden natural sencillo y cierto.



Barcos en el cielo” 3D rendering de Luis Makianich, 2002.

Como en todo organismo biológico, la simple perfección de su estructura suele ser agredida por agentes externos con el único propósito de probar su funcionamiento, y es por este motivo, el que una nave de algún otro sistema arriba a esta comarca, en una misión tan incierta, como implacable. La luminosidad y su transparencia se ocultan de la noche con destellos de una sombra artificial que emerge de sus tentáculos opacando la esfera principal. Sus motores suavizan el sonido del viento que se asfixia entre las velas abultadas arriándose para amortiguar el descenso, con el firme propósito de ocultarse de los pobladores, que sólo perciben la escasa brisa del verano sobre las frondosas ramas de sus habitaciones. Los ocho brazos se prolongan desde el casco principal amarrándose a los árboles aledaños como una hiedra envolviendo un muro, aferrando su osamenta al suelo como un ancla, para luego aflojar la presión descansando con un suspiro del fluido hidráulico hasta apoyar suavemente su estructura en el piso. Las sombras de la noche caen sobre la nave como un manto obscuro que cubre su cuerpo deslizándose lentamente y ésta reacciona modificando las distintas superficies de su contextura de modo que se mimeticen con el entorno inmediato, provocando un efecto de transparencia fantasmal hasta desaparecer por completo. Algunos sonidos metálicos aislados se escuchan en el interior por unos momentos, pero se confunden con los habituales quejidos de la noche en el bosque hasta que repentinamente una escotilla se abre en el vientre del navío, dejando escapar un bostezo iluminado en cuya aureola se inscribe un organismo bípedo, que desciende con cautela hasta perderse en la espesura de la vegetación. Un segundo individuo, armado de un ave que posa en su hombro derecho salta ágilmente hasta los matorrales en tanto que un ser de aspecto metálico hace lo propio pero sin mover sus articulaciones, deslizándose en el aire como una pluma en el viento. La puerta se cierra lentamente con un suspiro hidráulico hasta cegar su luz emergente convirtiendo la noche en un sólo espacio de nuevo, uniforme de sombra y silencio, como un testigo anónimo y discreto. La enigmática terna se sumerge en la selva ocultándose de los lugareños y comienza su camino haciendo un rodeo hasta alcanzar una de las torres que soportan el superconductor elevado, donde esperan el momento preciso para abordar el tren, que consiste en una oleada de esferas en continuo movimiento hasta que una de ellas se separa de la línea tomando la desviación ascendente que logre detenerla exactamente en lo alto de la torre de abordaje, inmediatamente por debajo de la plataforma de acceso sobre la que esperan los tres alienígenas. Krocba, el de mayor rango y primero en bajar de la nave, introduce su mano en un cubo lector ubicado en la baranda de la tarima y el piso se abre como un diafragma, al igual que la cúpula de la esfera metálica del tren para permitirles el acceso. De su interior asciende una bocanada de humo de color verde, que suspende a los tres en un colchón de aire, que gradualmente los va posicionando en forma descendente en el centro de la esfera, hasta que ésta cierra su escotilla. En el interior Arnais, el joven atleta y Jack, el androide se muestran curiosos al ver que sus cuerpos permanecen suspendidos en un campo ingrávido, en tanto su jefe los observa calmado, con una sonrisa presuntuosa. -“Tranquilos…”, les dice con aire suficiente: -“Quédense quietos durante el arranque”, Jack obedece mecánicamente, en tanto Arnais lo mira displicente y continúa revisando las paredes de la esfera metálica aprovechando la falta de gravedad. La esfera empieza a girar en su lugar hasta alcanzar una rapidez tal que se vuelve transparente, permitiendo ver el exterior con mucha claridad, y la vista es sólo obstruida parcialmente por el cuerpo del joven Arnais y su ave rebotando aleatoriamente por las paredes del casco, aunque lentamente hasta que Krocba lo toma por un brazo y lo sienta junto a ellos en las virtuales butacas de aire comprimido, donde se reencuentra con su aguilucho que se posa de nuevo en su hombro. La cabina se desplaza por la rampa descendente acelerando en forma gradual hasta alinearse con el resto de las esferas del tren una vez alcanzada la velocidad apropiada. El viaje ha comenzado y la expedición sigue su curso.

El cubículo de cristal les deja ver la inmensidad del bosque en interrelación con las torres de viviendas biotécnicas interconectadas unas con otras por el superconductor, que lleva la savia que alimenta a la población con los insumos necesarios para la vida y la sociedad. Cada estructura posee una forma diferente pero armónica, respondiendo al modo de vida de cada colonia que las habita, pero manteniendo las características del barrio. Krocba señala a sus dirigidos un sector de la ciudad, haciendo un movimiento indicador con la cabeza, y luego dice:-”Fíjense en ese grupo de torres, bajo los árboles más altos del bosque…”

-“Sí, se pueden ver luces filtrándose por la corteza de los edificios”- contesta interrumpiéndolo Arnais con entusiasmo. En ese momento una decena de feroces arácnidos metálicos aparecen entre las rendijas de la madera atacando a los ocupantes de los edificios con armas lanzallamas mientras las familias indefensas abandonan sus hogares en busca de la protección del magnetismo del ciclotrón, aunque no todos lo logran.

-“Creo que encontramos el primer lugar donde investigar” -completa el comandante y sin detenerse le ordena a Jack:-“Hazme un pronóstico de este cuadrante y busca una zona en donde podamos pasar desapercibidos…” y continúa dirigiéndose ahora a ambos:-“Recuerden que no debemos tomar contacto con los aldeanos ni involucrarnos en esta etapa de la expedición”.



“Ciudad Ciclotrónica / Viviendas biotécnicas”

Myriam Mahiques y Luis Makianich, Arquitectos, 1989.

El androide hace unos ruidos en su interior y su armadura metálica parece reacomodarse para permitir visualizar una especie de ordenador en el que se ve la pantalla esbozando algunos gráficos mientras Krocba introduce su mano en el prisma lector de la cápsula para indicarle que comience la desaceleración por la rampa ascendente que los separe del ciclotrón para ubicarlos sobre la plataforma de egreso. La esfera es nuevamente opaca y esta vez, la puerta diafragma es inferior, y se abre permitiendo que los impulsores del colchón de aire sostengan sus cuerpos, y lentamente desciendan a través de la escotilla. El grupo baja de la torre estación de transferencia e inmediatamente entran en una de las viviendas desocupadas, según el informe de Jack, para instalar el equipo que llevan en sus mochilas y así poder empezar con el reconocimiento del área.


“Gladiadores” Acuarela y tinta sobre papel. Por Luis Makianich, 1986.

Arnais extiende su mano y Scaneye, su aguilucho se posa en él extendiendo sus alas mecánicas permitiendo ver ciertas luces y conexiones rotar y desplazarse por su cuerpo hasta quedar totalmente expuestas. Su amo le introduce un chip con instrucciones e inmediatamente alza el vuelo recorriendo todas las ventanas por donde el edificio exhala luz, grabando todo aquello que pudiera servir para su misión. Jack abre su chaleco metálico y desensambla una variedad de equipo electrónico con el que está conformado su pecho y lo instala en un sector vacío de la habitación. Krocba adopta una posición de sentado pero sin silla y ejerciendo presión sobre los dedos de sus pies se sienta al mando en el flamante panel de instrumentos armado por el androide, que ahora adopta una posición de mesa de trabajo, agachado y con ambos brazos extendidos. De sus manos salen rayos de luz como reflectores orientados hacia un mismo punto en la habitación, donde se configura un área esférica luminosa, dentro del cual puede verse una escena que está siendo grabada por el aguilucho metálico que ahora está sobrevolando el edificio. La imagen muestra un espécimen humano con una piel ligeramente verdosa vistiendo una coraza vegetal muy colorida con pies triangulares y aplanados como hojas, hablando en un idioma desconocido.

Krocba le dice a Jack: -“Sintoniza el canal del habla correctamente”. La boca del androide se abre y su dentadura comienza a girar como el dial de una radio, mientras el sonido emitido por el hombre en la esfera paulatinamente va entrando en sintonía hasta volverse un idioma reconocible por el grupo.

Krocba mira a Arnais y le dice:-“Ahora es tu turno”

El joven camina hacia la esfera luminosa y se introduce en ella, en tanto Jack abre y cierra sus brazos hasta hacer coincidir el holograma del humano con la estatura de Arnais. Luego de unos instantes, éste sale de la esfera con un nuevo aspecto similar al holograma pero con los rasgos propios de sí mismo. Comienza a hablar en el idioma del holograma y Krocba puede ver su traducción en las pantallas que soporta Jack en su espalda.

-“Correcto” –Dice éste mientras se para y se dirige hacia la esfera para repetir la operación con su propio cuerpo y luego le ordena al androide:-“No olvides guardar los parámetros para futuras modificaciones, considerando que cada colonia tiene rasgos diferentes en función del lugar donde se alimentan”. Jack asiente con la cabeza y comienza la conversión de su cuerpo al estado original desarmando el equipo y re-ensamblándolo en su pecho. El ave vuelve entrando al cuarto por la ventana y se posa esta vez en el hombro de Jack, para recargar baterías.

El dúo arbóreo camina por el bosque mimetizándose con los arbustos. Unos niños con su apariencia aparecen súbitamente con armas de juguete jugando entre sí e ignorando a Krocba y Arnais, cuando dos Mactrolls descienden de los árboles y atacan a los infantes golpeándolos con sus brazos mecánicos. Arnais reacciona de inmediato y se abalanza contra una de los arañas cortando una de sus patas con su espada iónica, mientras su jefe le ordena que no interfiera en el ataque, pero el otro Mactroll al ver la acción de Arnais contra su compañero arremete contra ambos, olvidando a los pequeños que huyen por el bosque. Krocba despliega un escudo de su traje y una lanza telescópica y embiste a éste ayudando a su discípulo en la confrontación. Ambos consiguen abatir a sus atacantes, quienes no contaban con que dos nativos (como ellos aparentaban ser) pudieran poseer tan sofisticado armamento. El capitán mira los metálicos cadáveres y luego dirige sus ojos directamente a Arnais mientras dice:-“¿qué parte de –no involucrarnos- no entendiste?”

-“Pensé que los colonos eran nuestros empleados, y los Mactrolls nuestros enemigos” –dice Arnais.

-“No debes confundir empleados con esclavos, ni tampoco enemigos con competidores… –contesta Krocba- de hecho, esta ciudad se está convirtiendo en una carga para la Corporación, debido a la incipiente insurrección de los colonos”.

-“¿Y que están haciendo aquí los Mactrolls?”

-“Ellos están intentando apoderarse de la ciudad porque les resulta más rentable controlarlos que a nosotros, debido a su proximidad y se quedarían con la totalidad de la explotación, sabiendo que para la Compañía una guerra tan lejana sería inviable”.

-“¿Pero, entonces: Cual es nuestra misión aquí?”-Pregunta el joven Teniente.

-“Nuestra misión está limitada a la simple observación y compilación de datos que les permitan evaluar la continuidad de factibilidad en el actual emprendimiento”.

Luego de reacomodar su vestimenta los soldados salen del área arbolada y se internan en la zona de montaña, el sector de las minas de cobre. Llegan a otro edificio biotécnico, que apoya solamente una columna cilíndrica en el suelo y se eleva ramificando las diferentes recámaras que soplan luz a través de sus grandes ventanales, a la vez que desafía la gravedad acompañando al viento con movimientos ondulantes como un inmenso hongo. Una compuerta se abre en la base y ambos se introducen en el cilindro que impulsa hacia arriba la plataforma de apoyo mediante un chorro de aire comprimido hasta llegar a la subestación donde deben bajar y seleccionar el conducto flexible a tomar, cada uno de ellos orientado según la rama de destino. En este punto, ambos reciben tele-instrucciones de Jack que desde el puesto de vigilancia transmite hacia un adminículo insertado en el traje de los dos.

-“Ducto tres Este” – dice la metálica voz, y ellos abordan el ramal correspondiente hasta llegar al sector de esparcimiento exterior, una plaza elevada ubicada en la intersección de dos ramales que sirve de acceso a las unidades de vivienda y como lugar de reunión de los parroquianos. De pronto ven a un grupo de mineros caminar por la plaza y se esconden de ellos rápidamente, cuando descubren que la coloración de su piel no concuerda con la que ellos llevan. Jack, que los observa desde la estación de vigilancia les dice:-“Calma…ya estoy haciendo los arreglos para solucionar eso”. Pronto su coloración cambia del verde musgo al cobrizo correspondiente a la colonia a la que acaban de arribar e Inmediatamente ambos se mezclan entre otros mineros que se dirigen hacia un sector donde se mezclan entre otros mineros que se dirigen hacia un sector donde se mezclan entre otros mineros que se dirigen hacia un sector donde se encuentra un grupo mayor. La gente se acomoda en torno a un orador sentándose en el suelo inclinado con una suave pendiente para permitir que todos pudieran verlo El ágora se colma en su capacidad y el disertante comienza su alocución con voz suave pero firme.-“Quiero agradecerles su presencia el día de hoy. Sé que esto es muy comprometido para todos pero creo que ha llegado el tiempo de decidir si debemos seguir siendo esclavos del sistema, nutriéndonos de la espiral a cambio de todo nuestro esfuerzo en las minas, o si reclamamos la libertad de elegir el destino de nuestras vidas” El conferencista hace una pausa para poder observar los rostros de la gente, que parece no conmoverse por sus palabras y hace otro intento un poco más personalizado.


“Ciudad Ciclotrónica / Las minas de cobre ”Myriam Mahiques y Luis Makianich, Arquitectos, 1989.

“Jojha…” –Dice señalando a uno de los espectadores: -“¿Qué sentiste cuando la corporación te separó de tu esposa e hijos, debido a que descubrieron tardíamente que tus habilidades no correspondían con la colonia a la que pertenecías, por un error en tu composición genética durante tu gestación? Y tú, Mhaktom…” (Señalando a otra persona) –“¿Crees que si quedas inválido tras un posible accidente en la mina te van a seguir manteniendo vivo…?” Levantando la vista hacia todo el auditorio… “-¿Cuántos minusválidos conocen desde que están aquí y cuántos accidentes presenciaron?”

Krocba y Arnais cruzan una mirada de preocupación a la distancia. Ellos se habían separado para captar mejor el sentimiento de la gente durante el discurso, y disimuladamente se aproximan uno al otro para poder organizar el plan a seguir. Uno de los oyentes exclama: -“¿Cuántos de ustedes están dispuestos a abandonar la seguridad del ciclotrón para vivir en el campo interno de la espiral, con el consiguiente riesgo para sus familias?”. Esto afloja un poco la expresión de aflicción de ambos infiltrados, con lo que Arnais se atreve a exclamar con entusiasmo:

-“¡Es mejor vivir con seguridad!”. Al decir esto, el joven siente que todas las miradas del pueblo se le clavan en su espalda, (incluida la de Krocba que le lanza un vistazo amenazante por haber puesto en peligro la misión) hasta que alguien le replica:

-“¡Tú no pareces de esta colonia… yo nunca te había visto por aquí!”

El joven Arnais hunde su cabeza en su cuerpo como esperando un milagro… cuando una voz de mujer contesta al inquisidor:

-“Yo lo invité, él vino conmigo” La masa enardecida parece atenuar su excitación mientras el muchacho, quién no puede evitar su asombro, gira lentamente su cabeza para descubrir a su ángel de la guarda, una hermosa joven de piel semitransparente y ampulosa cabellera cobriza, vestida con delgados pétalos de una exótica flor, combinadas con el sofisticado perfume de su cuerpo. Krocba mira la escena aliviado e intenta integrarse un poco al grupo aprovechando el momento de confusión en que se encuentra la gente y realiza algunos comentarios moderadores con algunos asistentes para terminar de tranquilizar los ánimos, y poder salir de la plaza subrepticiamente. Arnais, que aún se encuentra embelesado con la joven, no nota la intensión de su jefe y se queda conversando con ella mientras su compañero abandona el ágora y se aleja dejándolo a merced de la dama.

(Continúa)


Utopía, (Continuación)

“Cuerpo de Mujer” óleo sobre tela, 60cm x 90cm

Luis Makianich, 1986
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La asamblea continuó por varias horas y los ánimos del público se fueron volcando en forma creciente hacia la postura de revelarse a la Corporación que los sostiene a riesgo de perder todos los beneficios que eso significa. Hubo varios oradores pero el momento culminante es ahora, cuando Ishania, la bella muchacha toma la palabra. Arnais la ve virtualmente flotar hasta el podio con su andar femenino y se prepara para aplaudir cualquier cosa que ella diga, mostrando una incondicional y desbordante alegría por el contenido de lo que ella pudiera decir.
-“Ustedes saben que no pertenezco a la colonia…” –Empieza diciendo. “Tampoco pertenezco a ninguna de las barriadas que se alinean en la espiral Ciclotrónica, ni me nutro de su especia, ni mi familia lo hace…y como pueden ver, aún gozo de buena salud”. La hermosa joven levanta su frondoso cabello color cobre y lo suelta sobre su voluptuoso y perfecto cuerpo translúcido, provocando un estruendoso aplauso en la libidinosa muchedumbre iniciado por el joven Arnais. La bella Ishania hace una graciosa y sutil reverencia y continúa:

-“En el campo interno de la espiral, no tenemos lujos, ni especia, pero tenemos dignidad…y sobre todo ¡Libertad! Para vivir donde queremos y con quien nos amemos…” –Dice esto último suavemente, y lo hace mirando provocativamente a los ojos de Arnais, quien se ruboriza y al principio no puede sostenerle la mirada pero luego cobra valor y se la devuelve desafiante hasta terminar en una sonrisa.

Al terminar el mitin, la gente se dispersa orgullosa y la joven pareja se aleja caminando lentamente hacia los campos interlineales de la espiral, donde vive Ishania. El joven galante acompaña a la doncella embriagado por su perfume cuando ella le dice: -“¿No te intriga saber por qué te protegí?” (Sin mirarlo de frente ni detener la marcha). Arnais, que hasta ahora estaba en una nube de encanto cae virtualmente a tierra y para de caminar, mirando a la dama con cara de carnero degollado, sin saber que decir. Ella continúa hablando al ver que él se queda sin habla. –“Yo sé quién eres y a qué has venido a la ciudad”.

-“¿Cómo sabes que no pertenezco a la ciudad?” replica él aún desconcertado. -“¡Si no lo sabía, ahora lo sé!” contesta ella con sarcasmo “aunque no sé si aún debo preocuparme por ello… ¿o sí?” Lo incita provocativa recostándose contra una gran roca en la penumbra del atardecer.

Arnais accede a la invitación acercándose a ella y la abraza dulcemente.

A la mañana siguiente, el valiente guerrero llega al cuartel orgulloso de su última contienda, aunque al ver a Scaneye, su fiel aguilucho volando en círculos sobre su cabeza en señal de bienvenida, toma conciencia de su situación y aminora la marcha como para darse tiempo a pensar alguna excusa que darle a su capitán, quién lo espera ansioso de saber sobre sus avances en campo enemigo.

Krocba lo recibe diciendo:-“Tenemos trabajo que hacer, ya me contacté con la Corporación y están esperando nuestras medidas disuasivas, para frenar el motín”.


“Ciudad Ciclotrónica / Campos interlineales de la espiral”

Myriam Mahiques y Luis Makianich, Arquitectos, 1989

-“¿Medidas disuasivas?” –pregunta tímidamente Arnais. -“Sí, y como estábamos sospechando, no tenemos mucho tiempo” replica el comandante. “Scaneye estuvo consiguiendo material de otras barriadas, y Jack recopiló información sobre otras veinte asambleas disidentes en lugares estratégicos de la ciudad… ¡Es hora de secuestrar a los instigadores y reconfigurarlos para un nuevo régimen de readaptación social!”

-“No creo que con eso logremos algo. Ayer en el mitin, la gente tomó coraje y se decidió por la sublevación por unanimidad, por lo que no creo que reiniciar a los instigadores sea suficiente”, dice El joven Arnais con desesperación.

-“En ese caso se les cortará el abastecimiento de esencia para desalentar a las masas” – contesta Krocba, -“Lo importante es terminar con los cabecillas y el más importante de ellos, es tu dulce Princesa” –completa el jefe con una mirada de advertencia a su subordinado.

Arnais comprende que está siendo implicado por su jefe pero decide continuar en esa postura. –“Ishania no le pertenece a la Corporación, ella nació naturalmente en los campos interlineales de la ciudad y no se tiene el poder de reiniciarla genéticamente”

-“Entonces simplemente tiene que desaparecer por el bien de la sociedad”. –Sentencia Krocba.-“Y esa va a ser su misión” –y concluye con aire militar:

-“¿Comprendió soldado?”

-“¡Si…mi comandante!”, responde Arnais cuadrándose ante un oficial superior.

Krocba le da instrucciones a Scaneye, para que localice e inocule un suero re-iniciador a los incitadores mediante el aguijón provisto en sus garras, y ordena a Jack activar la suspensión temporal de la provisión de la especia que fluye por el ciclotrón, para presionar a los disidentes a que vuelvan a sus respectivas tareas de colección de insumos. Arnais sabe que la especia que sirve de nutriente para los humanos que viven en las viviendas biotécnicas, contiene además una droga con un componente adictivo, que obliga a los trabajadores a mantener una incondicional fidelidad a la Corporación, por lo que no sería conveniente suprimírselas por mucho tiempo, si se pretende mantener la factoría funcionando, es por eso que no presta atención a las directivas de Jack y se aboca a impedir las de Scaneye, con la escusa de cumplir sus propias órdenes. Sostiene a su aguilucho con una mano y finge impulsarlo por la ventana a la orden de:-“¡Vuela por tu misión!”, cuando en realidad lo que hace es extraerle la tarjeta de memoria que la contiene.

-“Con su permiso, mi capitán…voy por mis órdenes” –Dice el joven teniente haciendo una formal reverencia, y sale de la habitación con la venia de Krocba. Al rescatar a su fiel aguilucho, el joven le implanta nuevas directivas, que consisten en localizar a su amada y advertirle sobre los planes de su jefe. El plan de Arnais es convencer a su jefe que abandonan la ciudad con la misión cumplida pero previamente destruir el abastecedor de especia y permitir que la comunidad comience una nueva vida en libertad, viviendo del trueque entre colonias en lugar de hacerlo de las migajas que la Corporación les ofrece por su trabajo. Una vez hecho esto, los tres soldados se reencuentran en la nave para emprender el triunfal regreso.

-“Ya estamos todos”, dice Arnais. Krocba le sonríe y le contesta: -“Te equivocas…” (Cuando ve salir de otra recámara a Ishania, quién se ubica al lado de su jefe)-“ahora estamos todos” continúa incluyendo a la bella mujer, y ordena a Scaneye que lo arreste por traición. El aguilucho vuela sobre su hombro y le aplica un aguijón que lo deja paralizado mientras el capitán sigue explicándole:-“Ella es una infiltrada que trabaja para la Corporación desde que era una adolescente y fui yo quién la reclutó. Era una carta en la manga que me permitía controlar la insurrección en nuestra ausencia, ya que se nos hace inviable enviar expediciones periódicas”. Krocba da las instrucciones finales a Jack antes de partir, y redacta el informe que Scaneye graba en su disco de memoria.-“Misión fallida. Factoría improductiva a raíz del triunfo de la insurrección. Personal infiltrado Ishania y Teniente Arnais caídos en cumplimiento del deber. Recomiendo la interrupción del suministro de especia y abandono de la ciudad. Fin del reporte.” Luego da unos pasos hacia la hermosa joven y la besa en la frente.

-“Lamento no haber estado cuando perdimos a tu madre, hija mía”, después toma de los hombros al aturdido Arnais, y le dice:-“Siempre supe que serías el indicado para ella…hijo mío”.

La nave tardó unos minutos en desenmordazar los tentáculos de la tierra, como si se resistiera a dejarla, hasta que por fin da un salto glamoroso hacia el infinito paisaje del cielo nocturno. En tierra quedan Arnais e Ishania con los ojos puestos en la maravillosa estela de luz que como fuegos artificiales anuncian el día de la independencia. Ella lo toma de la mano y le dice:

-“Vamos a casa…”



domingo, 28 de junio de 2009

Tiovivo

“Caballos Azules” Electrografía de Luis Makianich, 2009

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El cielo de los caballos debe ser un tiovivo. Cada vuelta rememora sus hazañas en la tierra de los hombres, que los admiran e imitan como a ángeles maravillosos. Su espíritu los anima a pensar como héroes y a comportarse como tales desde el mismo instante en que sus almas se conectan. Los azules ojos de Pablo están extasiados de ellos desde que de niño los descubrió en aquella calesita donde su brío lo contagió y mostró su entusiasmo a saltitos con una sonrisa enorme dibujada en su cara. Su abuelo lo ayudó a montarlo como ahora él ayuda a su nieto Joaquín a hacer lo propio. El anciano Pablo se acomoda en una banca de la plaza a verse a sí mismo corporizado en Joaquín dar las vueltas de la vida, orgulloso del corcel que lo llenara de gloria. La expresión de su rostro en un nuevo circuito le recuerda la suya cuando nació su hija Melisa, y creyó ser el hombre más feliz de la tierra cuando la tuvo en sus brazos. Y en el siguiente giro descubrió los ojos de su esposa que desde los de Joaquín le lloran su alegría por tan emocionante evento. Su cansado corazón le suplica durante todo el perímetro saborear un galope más de su tan placentera vida y poder ver por otra vuelta su propia alegría reflejada en su rostro, pero esta vez el sol está un poco fuerte y lo adormece sobre la banca, que por alguna razón está mucho más placentera, y el tiovivo decide aminorar su marcha acompañado por la música que parece también anestesiarse al compás de sus cabalgaduras que trotan su celestial arribo. Pablo vive su última y gloriosa vuelta elevando su espíritu montando un hermoso caballo azul que lo llevará hasta su nueva banca, desde donde podrá contemplar a su heroica familia de corceles, girando magníficos por siempre.

martes, 23 de junio de 2009

La Fuente

“La fuente” Electrografía de Luis Makianich, California 2009

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El río explora la belleza de su cuerpo femenino, imitando sus movimientos con un canto sinusoidal. Su danza hace una sutil reverencia a uno y otro lado descendiendo a saltos desde el cielo a la profundidad rocosa, donde la fuente apaga la sed de su juventud. Un rayo de luz se cuela entre las piedras y el reflejo de su propia virtualidad, dibujando en las paredes de la gruta la imagen del sueño que alguna vez tuvo al verla reflejarse en él. Ella se sumerge invitando al agua a imaginar amarla, y abanica sus brazos acariciando el líquido cuerpo de su amado, que la sostiene ingrávida en su perfume ausente. Su cabello juega con sus onduladas formas a pincel y tinta en su página blanca, coloreando su musa de imaginario canto y desafiando el vuelo del ave migrante. El riachuelo es consciente de su elección pasada cuando un soplo de vida la acarició en su espalda, olvidándola hermosa en su madurez temprana mientras su amor la esperaba en su acostumbrada estancia, presurosa de amor en su tardía avaricia y ausente de pena en esa encrucijada. Cada baño es un sueño de su vida pasada, que comparte con él, su bienaventurado amante, quién descansa en el lecho de sus dulces memorias, vírgenes de llanto y doloroso encanto. El río le muestra su angustia y su rabia, mordiendo a las rocas en cada descarga que fluye desde el ayer lejano hasta su día temprano, sacudiendo su cuerpo con irascible estruendo, arrebatándole el sueño al agua mansa de su adolescente sosiego. Ella acepta el reproche de su ancestral amado, que se convirtió en olvido cuando la fuente le propuso el juego de sentirse una mujer indeleble. Ella vive por siempre su belleza inmutable y a él lo convirtió en agua para acompañar su idilio vertiendo sus cenizas fúnebres en el cauce manso, que danzará por siempre acariciando la figura que lo condenó a servirlo eternamente esclavo. Hoy el torrente castiga su atroz amor mezquino secando por fin el fluido llanto que por años embelleció el estuario de su forma inmaculada y la fuente que alguna vez fue fiesta, hoy se convirtió en el entierro de los cuerpos de su amada y el lecho de un río seco.


domingo, 21 de junio de 2009

Virtualidad

“Adán y Eva en el Ciberespacio” Electrografía de Luis Makianich, 2009

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Esta mañana se levantó decidida a rediseñar su perfil. Luego de ducharse contempla su cuerpo desnudo frente al espejo y determinada a acabar con toda evidencia de la mujer que fue, rocía con aerosol todos los cristales reflejantes de la casa. Cubre su cuerpo con una playera y se prepara el desayuno mientras medita sobre algunos aspectos de su nuevo yo. Abre la licuadora e introduce cada pieza de fruta combinada con una determinada idea para su nueva configuración. Esta vez el batido debe resultar perfecto y su nuevo ser…Exquisito. Vuelca el contenido de su imaginación en un gran vaso y lo lleva consigo hasta el escritorio, donde se encuentra la computadora. Mientras la enciende lleva el recipiente a su boca y bebe un sorbo de su propio diseño como para apropiarse de su espíritu y comienza a construir su mentira virtual.

Apoya las yemas de sus dedos sobre una tabla digitalizadora y un rayo de luz emerge desde el centro de su escritorio, sosteniendo una diminuta figura tridimensional de mujer suspendida en él. Conforme mueve sus manos la efigie gira y se transforma como si modelase en barro su propio cuerpo. Una voz electrónica se escucha preguntando:-“¿Nombre...?” – ella saca un libro de uno de los cajones del escritorio y lo abre al azar para luego tipiar: “Meryl” y luego repetir en voz alta para escuchar por si misma su nuevo nombre:-“Meryl…sí, creo que es apropiado”.

En los siguientes minutos Meryl amasa la figura flotante hasta complacer sus expectativas para luego concentrarse en su cabeza, que ahora es amplificada casi a tamaño natural por su computadora. Como si se maquillara da forma a su imagen haciendo y deshaciendo conforme su humor le imprime deseos hasta que por fin el modelo resulta de su agrado. Vuelve al tamaño inicial y lo observa girar hasta que su cuerpo desnudo llena de alegría su alma. Pasa varias horas probándole vestidos de los catálogos más prestigiosos del mundo, que tiene a su mano gracias a la red, disfrutando cada instante como una niña con su muñeca, ensayando frases sugeridas para diferentes ocasiones, hasta quedarse dormida en el instante en que sus manos se separan de la tabla y su sueño se esfuma en el aire.

Al despertarse a la mañana siguiente, descubre que durante la noche su mente siguió configurando los distintos pasajes de su vida, con las nuevas características de su personalidad y que ahora sí, estaba lista para salir al mundo; ensayar su nueva historia que le depare un nuevo futuro; un nuevo día, nueva vida.

Con sus nuevas armas se introduce en la guerra por el amor soñado, participando en un grupo de conversación de los tantos que pudo elegir en el interminable ciberespacio. Meryl desplaza todo su encanto en un escenario virtual compartido por una docena de personas de ambos sexos y excelente predisposición a la batalla. Los temas que se abordan son variados y pronto el grupo se va sectorizando por decantación de la diversidad de afinidades hasta que el suyo se reduce a un triángulo cuyo vértice más alto es Elías, y su competidora es Cintia. El trío pasa a un nuevo y más reducido escenario donde pueden apreciarse de cuerpo entero suspendidos sobre la superficie de sus respectivos escritorios con una esfera de entorno proyectado como sala de reunión. Los tres se encuentran ataviados conforme la ocasión pero algo de superficialidad se nota en su conversación pese a que todos cuentan con la ayuda de algún programa que supla su evidente falta de intelectualidad. Elías narra sus aventuras como cazador en África mientras Cintia lo escucha con idolatría, lo que provoca que Meryl se muera de aburrimiento. No tarda en desconectarse del aparato y lo intenta nuevamente con otro grupo, hasta que comprende que su propia apariencia la induce indefectiblemente a caer en el mismo tipo de situaciones una y otra vez. Cambia de Nombre y de personalidad tantas veces como su deseo de amar se lo pide, y ahora es Rosa, como otras veces fue Carmen, Elvira o Cleo; Pero esta vez algo parece ser diferente. Por primera vez es deseada por alguien a quien ella le corresponde; y no hay una tercera mujer en discordia. Sus palabras se entrecruzan en el espacio cibernético formando frases que parecieran salir de uno u otro en forma indistinta y finalmente, Rosa cree haber encontrado una mentira eficaz que la conduzca al amor de su vida; que siente y piensa como ella desea y seguramente podrán ser felices por siempre en el ciberespacio, hasta que Andrés pronuncia una frase que la deja pensando:-“Uno no es lo que es, sino quién pretende ser…”

Rosa se siente un poco perturbada y se queda sin palabras, por lo que deja por un momento a Andrés y se dirige al sanitario. Por su cabeza pasaron nuevas interrogantes acerca de su amado y de sí misma. ¿Él es quien ella cree que es? Cómo saberlo, si toda su relación se construyó sobre fantasías. ¿Cómo pensar en que Andrés la ame como ella es, si ni Rosa misma lo sabe? Pensando esto rompe en llanto y enjuaga su cara en el lavabo para borrar la última huella de su dolor. Dirige su mirada al espejo y descubre que éste aún se encuentra opacado con aerosol y no le devuelve su reflejo. Pasa su mano por el cristal y advierte con sorpresa que su apariencia no difiere de su actual aspecto virtual y en su bata puede leer la inscripción…”Rosa”.

Rosa termina de acomodarse el cabello, y deja caer su salto de cama al piso descubriendo su cuerpo por completo; Se mira al espejo girando levemente a uno y otro lado y con una sonrisa de satisfacción se dirige al encuentro de su amado, que la espera impaciente en su mundo virtual.

Un vuelo al desasosiego

“Desasosiego” Electrografía Digital, Luis makianich, 2009

Safe Creative #0906013758924

La velocidad es como un bálsamo para mi pasado. Me siento aturdido de mis desvelos por el tiempo que ha pasado desde que lo abandoné todo. Estoy en la cabina de un jet, comandando mi vida por primera vez, haciendo de mi futuro un pretérito de cielo que me estalle en el rostro en cada instante de mi aliento. Mi existencia es líquida en estado de transformación constante hacia lo etéreo. Dejando mi pasado atrás pretendo no saber qué fue de mí, borrando con mi estela gaseosa los recuerdos hasta hoy sólidos. La mente me cierra hacia el presente de mi parabrisas, ávido de vida que devora la sustancia de lo que va a venir en un tiempo tan instantáneo como mi acelerador se lo propone. Mis alas, como la extensión de mis hombros quiebran el aire de la respiración de mi pasado, para impedirle la vida a mi memoria, que me persigue muy cerca. La consola de instrumentos me sugiere atemperar la aceleración, pero mis sentidos están enfrascados en una misión atroz, que da vueltas en mi cabeza hasta convertirse en un huracán, que atrapa los sedimentos de mi vida pasada, mezclándolos hasta fusionarlos en un único cuerpo del delito, que pueda ocultar en mi equipaje.

El horizonte es tan lejano como mi altitud, y ambos son cómplices de mi sosiego. Decido en consecuencia volar bajo, para acentuar la sensación de velocidad. Al pasar por la barrera de nubes me siento cobijado de todo recuerdo insano que me perturba. Me agrada esa sensación. Es como empezar de nuevo con mi vida, como un recién nacido a la aventura de volar, sin prejuicios ni ataduras. Sin temor a lo desconocido por no saber de nada y sin pena por ignorar padecimientos. La sensación me estimula a la premura y la avidez por conocer lo que vendrá me vuelve a la locura. Acelero.

Las nubes desaparecen en un flash y una densa arboleda se precipita hacia mí, detrás de ella una boca abierta de inmensidad pretende tragarme. Muevo la palanca del asiento expulsor. Quedo inconsciente y sueño que un estruendo se apaga de inmediato ahogando todo sonido a mi alrededor. Sólo el aire en mis oídos silba una melodía ascendente hasta estallar en un paracaídas que abre al cobijo de la calma que me devolverá a tierra. Desde ahí, veo la densa bruma de mil antorchas diseminadas por el campo. En tierra el humo embriaga mi memoria y no recuerdo mi vida anterior, aunque ahora siento curiosidad. Ya despierto camino entre los restos del avión que aún están envueltos en tenues llamas buscando pistas que me lleven a reconocerme, porque en tierra estoy desprotegido y amenazado por mis temores.

“Analía”, la inscripción en el fuselaje me remonta a mi juventud temprana, en una imagen iluminada por la luz del fuego. Me veo con ella y Tobías, mi mejor amigo desde nuestra infancia, comiendo moras silvestres en los campos de un vecino y aventurándonos en el futuro incierto pero permanente de nuestros deseos. Ella se acerca un racimo a la boca incitándonos a uno y a otro a comer de ella, sumiéndonos en la incertidumbre de su amor por alguno de ambos, y terminando invariablemente con su hermosa risa negándonos a los dos.

La pintura se desvanece tras una bocanada de humo proveniente de otro sector del fuselaje que desprende parte de sí sobre el suelo. Aún me encuentro aturdido y me alejo un poco del fuego, pero no demasiado para seguir inquiriendo sobre mi historia.

El aire viciado me hace perder el conocimiento, y aparezco flotando en el estanque de mi juventud, junto con mis eternos amigos, Tobías y Analía. Han pasado algunos años, pero ella aún nos atrae a los dos por igual. Ellos están susurrando una vieja canción que se escuchaba en la radio por aquellos tiempos, sentados en las rocas aledañas a la orilla hasta que ella se pone de pie y quita su ropa hasta quedar desnuda por primera vez ante nuestros descontrolados ojos. Levanta sus brazos y se arroja al agua, nadando hacia mí con una gracia sin igual. Una vez aquí, me mira a los ojos con un destello de sol y de agua y una sonrisa semi diabólica, para luego darse vuelta ofreciéndome su adorable espalda y levantar su mano agitándola con la palma hacia Tobías, invitándolo a unírsenos. El no tarda en aceptar el reto desvistiéndose y zambulléndose en el lago cuando Analía me toma con fuerza por la cabeza, sumergiéndome y buceando en la profundidad del espeso estanque.

Tobías y yo nos desconcertamos en medio del agua cuando nuestra sirena emerge voluptuosa en la orilla, cubriéndose con nuestras prendas, las que recoge de las rocas, y con una vocecita burlona nos dice: -“Chau, chicos…Los veo en el pueblo”.

El viento lleva el humo hacia afuera del accidente y el aire limpio me despierta de mi adormecimiento. El recuerdo se repite fugazmente en mi cabeza hasta desaparecer, en lugar de completarse como hubiera deseado.

Miro hacia ambos lados buscando algún otro indicio y puedo ver una turbina jugueteando con el viento y el fuego que se extingue. Me pongo de pié con un poco de esfuerzo y voy tambaleándome hacia ella. No siento dolor alguno pero me siento mareado por el aire viciado. Bajo el fuselaje, la pequeña bodega deja entrever mi equipaje que asoma desde el interior. Lo retiro de allí y empiezo la búsqueda que justifique mi existencia. Coloco el bolso sobre unas piedras y me apresto a abrirlo, pero lo hago metódicamente, con una parsimonia que ayude a aventajar a mi imaginación, como esperando predecir que es lo que voy a encontrar en su interior. Empiezo deslizando el cierre de un bolsillo exterior, e introduzco mi mano lentamente. Saco un pequeño cuaderno de notas, lo abro y encuentro una fotografía en su interior, que muestra a Analía y a mí en nuestra boda, con nuestro amigo Tobías a nuestro lado, como padrino. Los tres estamos cruzando nuestras copas brindando por nuestra felicidad juntos por siempre. De pronto la imagen cobra vida y todo mi ambiente nublado se torna vívido y los colores se enaltecen asumiendo la festividad atolondrada de nuestras nupcias. Ella en su reluciente blanco cortejándonos en un baile ritual, flameando su vestido de encajes hacia uno y otro con la felicidad a cuestas, adornándonos con los cortantes diamantes de sus ojos y el perlado collar de su exultante dentadura, mostrando su alegría inconmensurable y descontrolada por sus labios, besando el borde de una copa del vino espumante que nos canalizó a todos en el final de la noche, sentados exhaustos en las hamacas del patio, para acompañar el mareo ocasionado por bailar borrachos. Tobías toma a Analía por la cintura y la eleva retirando su esbelto cuerpo de la tabla suspendida por cadenas del árbol, y la coloca a mi lado, como si fuera una muñeca y me dice:

-“Aquí te la entrego para que seas feliz, y la cuides por siempre”. Luego se sienta en un tronco caído, toma un cigarrillo como para que sus palabras pierdan solemnidad y continúa diciéndonos a ambos mientras lo enciende con un fósforo:

-“Saben que ustedes son la familia que nunca tuve, y nada me pone más contento que saberlos juntos, ahora que la patria me llama”.

Analía se acerca y lo hace ponerse de pie tomándolo por los hombros y le da un beso en la boca, para luego decirle:

-“Vos sabes que siempre seremos los tres y que vayas donde fueres, nuestro amor no tendrá fronteras y nos mantendrá juntos por siempre” En ese momento, el fotógrafo nupcial se acerca y nos pide tomarnos una foto, y el flash me vuelve a la realidad de hoy, con la imagen que se queda flotando en el papel de la fotografía, como desvaneciendo su movimiento hasta congelarse en su postura inicial, rompiendo el encantamiento del tiempo, que parece detenerse irremediablemente, pero sólo por un instante, mientras logro reaccionar y devolver la foto a su lugar en el cuadernillo que la contuvo hasta hace unos momentos. Paso mi dedo pulgar sobre el borde de las hojas de la libreta abanicándolas hasta detenerlas en una página determinada, donde se encuentra una carta de Tobías destinada a mi esposa. Sé que conozco su contenido, pero mi mente lo bloquea por algún motivo y no lo puedo recordar. Como en aquella ocasión me niego a leerla porque no está destinada a mí, y porque no deseo pasar por eso nuevamente. De todos modos, siento la necesidad de revelar un poco más de mi vida y continúo hurgando en los bolsillos exteriores del bolso, no sin antes volver la libreta y la misteriosa carta a su lugar en él. Introduzco la punta de mis dedos en un estrecho pliegue de cuero en el bolso y logro tocar un pequeño objeto metálico que retiro con un poco de dificultad. La esfera de un antiguo reloj de cadena se abre en mis manos con una inscripción en su cara interna:-“Juntos por siempre”.

La frase se repite en mi mente cíclicamente como un tiovivo, y en ese momento una nube oscurece el ambiente y el viento forma un remolino en torno a las atenuadas llamas del accidente, avivándolas un poco e iluminando mi cara con un aire maligno que desprende un aroma a fósforo embriagador. Mi mente se aclara por un instante y empiezo a recordar mi tiempo a solas con Analía, cuando nuestro matrimonio se transformó en tediosas tardes de melancolía y mecánicas noches de sexo y resignación. Todo mi pensamiento se vuelve sombrío y desesperado, hasta que decido agredirme aún más sacando nuevamente la carta del bolso y leyéndola histéricamente para mí mismo, con la esperanza de avivar el fuego que me consuma de una vez. Mientras empiezo a leer, la noche me descubre forcejeando con mi imaginación para reinterpretar lo que está escrito conforme me convenzo que no es cierto lo que pienso.

-“Querida Analía…” – (encabeza la carta)-”He pasado los últimos meses entre fuego de metrallas y pensamientos tortuosos sin saber qué final me deparará el destino. No resisto la idea de imaginarte en los brazos de otro hombre, aunque sea mi mejor amigo y yo te haya puesto allí. En un principio pensé que era lo mejor para los tres, debido a que fuimos felices juntos desde siempre, pero en la lejanía, siento que mi corazón está quebrado y difícilmente podré sobreponerme a esta desesperanza. Jamás me hubiera atrevido a escribirte esta carta si no fuera por la que recibí ayer de tu parte. La próxima semana termino con mi servicio y vuelvo a casa a reencontrarme con los míos, pero no se qué actitud debemos tomar en esta angustiante situación, sabiendo lo que sentimos por tu esposo, y que nos amamos.”

Releer la carta refresca mi memoria más allá de su contenido. Ahora puedo ver claramente lo que aconteció aquella noche, cuando fingí estar de servicio justo el día de su regreso. Cuando los descubrí compartiendo el amor que se habían guardado todos estos años, desnudos sobre nuestra cama y desbordados de culpa y desenfado ante la inobjetable certeza de su controvertida pasión.

Mi cabeza se nubla nuevamente y me bloqueo abruptamente, entre la aflicción y el sadismo, que me impide tomar conciencia de mi propia realidad.

Sé que la verdad está en mi equipaje pero me niego a descubrirla, un poco por miedo y otro por dolor.

En un arrebato de exaltación tomo el bolso con mis pertenencias y abro el cierre que me condena para descubrir el epílogo de mi desaliento. Introduzco mis manos en él y extraigo la cabeza ensangrentada de Analía, a la que observo con amor, le doy un beso en la boca y la coloco nuevamente en su interior. Hago lo propio con la cabeza de Tobías y le doy un beso en la frente.

Una tormenta se acerca y el viento aviva el fuego del accidente. Los restos del avión parecen unirse en una sola hoguera conformando un único fuselaje. Me levanto sujetando a mis dos amores en el bolso y camino hasta la cabina, donde me reencuentro con mi cuerpo, aún sentado en ella. Me introduzco en él, con la maleta en mis brazos, y el fuego nos envuelve a los tres, reiniciando el vuelo que nos llevará a casa, otra vez juntos para siempre.



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