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viernes, 18 de septiembre de 2009

Architeuthis


“Architeuthis Dux y las ninfas” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909194555689
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Norman bucea en los confines de su mente armado con su pluma como arpón y una botella de ron como linterna. La bebida lo ha mantenido iluminado desde que se abandonó a la soledad de escribir esa novela. Para embeberse del ambiente marino, está viviendo en una pequeña embarcación a motor que se encuentra amarrada cerca del golfo San Matías, en el Atlántico sur, desde que se enteró que el Museo Nacional de Ciencias del Japón y la Asociación de Observadores de Ballenas de Ogasawara obtuvieron imágenes de un calamar gigante en su hábitat natural por esas latitudes. Ocasionalmente matiza su solitario trabajo con la visita de alguna joven lugareña a su bote, con la escusa del buceo deportivo, una de sus actividades náuticas preferidas. Aunque por su temperamento, él no suele mezclar el placer con su trabajo, a menudo confía a estas mujeres algunos pormenores de su novela en curso, porque eso le permitiría establecer un pronto vínculo con ellas, que seguramente lo conducirán a satisfacer sus libidinosas expectativas, las que una vez consumadas quedarán asentadas al concluir ese capítulo de su vida.
Luego de una semana de pasar en limpio sus ideas con varias copas en su sistema, hoy Norman comienza un nuevo ítem en su libro con la llegada de Juliana, una dulce joven ávida de emociones e inocente de desengaños. Norman la ayuda a subir al barco tomando su bolso y dándole la mano hasta que aborda completamente.
-“Pensé que habrías zarpado, disculpa mi demora” -Dice Juliana
-“No hay problema, estuve organizando el itinerario”-Le contesta Norman mientras desamarra y separa el casco del muelle –“Tal vez tengamos que alejarnos un poco más de lo previsto para lograr avistar algo”.
-“¿No estarás pensando ir hasta Malvinas?”- dice ella visiblemente preocupada.
-“No te asustes, no estoy buscando un calamar gigante, sería casi imposible hallarlo, me conformo con encontrar algo que me inspire en mi novela”-contesta Norman
-“¿Algo como qué?”
-“Con encontrar simple belleza submarina me conformaré” –le contesta mientras se dirige al camarote levantando levemente el bolso de Juliana, indicándole que pase a desempacar. -“Ponte cómoda mientras me encargo se salir de la bahía”. Él toma el timón mientras Juliana baja al compartimiento a cambiarse de ropa hasta que vuelve a cubierta con una diminuta bikini, que le dispara muchas ideas a Norman, aunque no está pensando en su novela.
Se zambullen un par de veces a tomar fotografías, como para justificar el viaje, y luego se preparan para la cena tomando una copa de vino en el camarote. Norman no se encuentra muy entusiasmado al ver la actitud esquiva de Juliana, que ya empieza a darse cuenta de las verdaderas intensiones de él, que insiste en que tomen más vino esperando algún cambio de disposición en ella, quien no muestra señales de tenerlo.
-“¿Tú crees que vas a tener sexo seguro conmigo, como lo has tenido con Alicia, o con Carmen?”-dice Juliana con visible enojo.
-“¿Las conoces?”-Pregunta muy intrigado Norman.
-“Esto no es Buenos Aires, es San Antonio…Pueblo chico infierno grande, suelen decir”.
-“¿Por qué aceptaste venir entonces…?” Le dice él mientras le sirve otra copa de vino, que ella toma muy segura de sí misma.
-“Soy mendocina, y si crees que me vas a emborrachar con esto, debes saber que nosotras desayunamos con vino desde niñas, y por lo que sé, a vos sí que suele hacerte efecto”.
Norman deja su copa y se levanta a buscar una botella de ron que guarda en una gaveta mientras dice: -“Entonces, vamos a equiparar las cosas… (Sirviendo ambas copas) Es cierto… a mí la bebida me afecta, aunque para bien, porque me inspira a hacer algo creativo, como amar”.
-¿Amar? ¿Qué tiene de creativo eso? A menos que hables de crear bebes… (Mientras toma el contenido de su vaso y extiende la mano nuevamente.
Norman le retira la copa y se sienta a su lado mientras dice:-“Ya es suficiente…” y se besan apasionadamente. Súbitamente, algo golpea el casco de la embarcación, provocando que se aparten uno del otro sobresaltados. Norman se levanta y sube a cubierta cuando puede ver una lancha amarrada a su barco en medio de la noche. Corre nuevamente al camarote a buscar un arma que oculta bajo un asiento, cuando entran detrás de él Alicia y Carmen, vestidas con trajes de baño:
-“¡Deja eso, solo queremos rescatar a Juliana de tus tentáculos!”-Dice Carmen.
Norman guarda nuevamente el revólver en su escondite y se sienta nuevamente junto a Juliana, toma la botella de ron y sirve otras dos copas que toma de una vitrina que se encuentra sobre la pequeña mesa, mientras dice:-“Bueno, parece que ahora sí vamos a tener una fiesta”.
-“Sigue soñando”-Dice Alicia mientras toma a Juliana del brazo y la hace levantarse de la mesa, cuando Carmen, pone una mano sobre su hombro y le dice:
-“Tranquila…Tal vez él tenga razón… (Mientras le hace una seña con la mirada a Juliana) Una copa de ron no nos vendría mal, además es tarde para volver a la bahía y tenemos que esperar la marea alta para llegar a puerto”. Todos se sientan en torno a la mesa y beben hasta aturdirse. Norman espera que alguna de ellas empiece a echarle en cara el que las haya usado para satisfacer sus instintos, pretendiendo amarlas, pero ninguna lo acusa… Solo beben y lo miran con insistencia. Norman bebe, y extiende sus brazos por sobre los hombros de las jóvenes y por un instante se sintió en terreno peligroso, pero luego, las tres hermosas jóvenes empiezan a desvestirse y se abalanzan sobre él colmándolo de caricias y quitándole toda su ropa. El aroma a ron invade todo el barco y por su mente pasan decenas de imágenes que se grabarán por siempre en su memoria, una vez que las haya plasmado en su novela. En un exabrupto de placer y erotismo las tres beldades lo levantan en su inspirada levedad y lo llevan a cubierta donde la cálida noche se une a su fiesta y con una espléndida luna de testigo se zambullen en la inmensidad del océano, buceando en los confines de su mente, con una botella por linterna y tres hermosas ninfas como musas.
La mañana lo sorprende recostado sobre su máquina de escribir, con el último capítulo de su novela terminado. Se despereza y se apresta a salir a cubierta a disfrutar del nuevo día. Desde otro barco amarrado en la marina un vecino le grita:
-“¡Hey, Norman! ¿Cuándo vas a salir a navegar en ese bote?”
-“Cuando pueda comprarle un motor, mientras tanto…solo vivo aquí”.

domingo, 13 de septiembre de 2009

La mujer Perfecta


“Salto eléctrico” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909134526717
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El profesor Roger Hertz dicta la Cátedra de Neurocibernética en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Su obsesión por el trabajo lo ha llevado a desconectarse del mundo exterior, limitando su vida de relación a lo estrictamente profesional. Conoció a su esposa Sandra en

martes, 1 de septiembre de 2009

Sueño eterno


“Vida después” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909014344783
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La fiebre mantuvo mi cuerpo flotando durante varios días y no importa cuán intenso fuera el impulso que mi cerebro le diera a mi sistema nervioso, mis músculos no obedecían su mandato permaneciendo tiesos, sin la menor tonicidad que diera movimiento a nada de mí,


sábado, 29 de agosto de 2009

Introspección vital


“Introspección Vital” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0908304290755
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El Dr. Hugo Hoffstain es un joven cirujano con clínica propia, equipada con la más alta tecnología, gracias a la herencia familiar, de una familia que ni siquiera merece llamarse propia.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Infierno


“Infierno” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0908194250655
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Me resulta muy difícil establecer el punto de inflexión de mi existencia; aquel en el que se podría decir que ha cambiado algo significativo para mí; incluso no me atrevo a pensar que pudo haber sido el día que morí.

lunes, 17 de agosto de 2009

Pasión sin riesgo


“Pasión sin riesgo” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0908184245753
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Electra siente el deseo de amar intensamente, pero su instinto la aferra a sus temores; su educación la ha llevado a mantener su virtud intacta y su conducta intachable habla a las claras de su madurez, para una joven de sólo veinticuatro años de edad.


domingo, 9 de agosto de 2009

Gotán


“Tango” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0908104224066
“…Siglo veinte, cambalache
problemático y febril...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil…”*
*Tango Cambalache2 de Ernesto Santos Discépolo. (1935) –Fragmento-
*Se puede hallar el Mataburros3 de Lunfa4 al final del escrito.

Un farol de arrabal5 proyecta una luz sobre el adoquín mojado, esbozando la sombra del malevo6, con la suela de su timbo7 apoyada en él, dibujando en su mente un firulete8, al compás del dos por cuatro9 que se escucha allá a lo lejos, donde la luz se oculta. 

jueves, 18 de junio de 2009

El Arroyo

“Cuerpo de mujer” electrografía por Luis Makianich.
Mención especial en el Concurso de pinturas en pequeño formato - CEARCO, Hotel Conquistador, Buenos Aires 1993
Safe Creative #0905093217376

Ella acostumbra venir al arroyo por respuestas desde que su memoria vertió su contenido en él. Como si pudiera revisar el pasado en su agenda líquida, sus manos acarician las páginas de agua en tanto sus rodillas besan la suave orilla de sus márgenes. Cada prenda que sumerge descarga en la historia de su amor un trago amargo de desesperanza. Los paños blancos quisieran ocultar su secreto entre los pliegues, que sus manos reniegan prensándolos con ferocidad felina, hasta que derrotados hunden su grito ahogándolo en la profundidad de sus recuerdos. La joven esconde la angustia en su hermosa cabellera que llora una serena lluvia sobre el riachuelo y acompaña el lamento meciendo su cuerpo con una dulce danza entre su espalda y su pelo. Su blusa emerge blanca, limpia de la noche anterior y la acomoda en el cesto de mimbre junto a las sábanas, cómplices de su madurez.
La bella lavandera yergue su cuerpo sosteniendo la canasta, y antes de partir mira de reojo al arroyo confidente, que refleja su esbeltez, ahora inmaculada.
Por un momento, se siente libre y sueña con retomar su vida en donde había quedado antes de su última aventura, pero esta vez siente que algo ha pasado y le impedirá voltear la página. Sus pies descalzos sienten la hierba que le reprocha en alfabeto braille la corta visita que ella acostumbra cada día después. Allá abajo, el torrente susurra con indiscreción lo que arriba el mismo cauce finge no saber. Ella cierra sus oídos a la acusación pero su interior le grita a latidos su vergüenza, la que esta vez no puede ignorar. Su corazón la aturde en un galopar intempestivo hasta que súbitamente el arroyo calla.
La mujer, aun desorientada se sienta lentamente a contemplar el extraño suceso en que las aves se suspenden en vuelo, los arboles se niegan a acompañar al viento y el agua se estabiliza hasta congelarse bajo la cálida temperatura ambiente.
Como un viejo fonógrafo, el bosque retoma su música en lenta aceleración y el viento por primera vez afeita las matas a contrapelo cuando sorprendentemente, la cuenca invierte su curso vertiendo sus aguas rio arriba, hasta secar completamente su lecho.
La desconcertada doncella se pone de pie, y comienza a caminar maravillada hacia el centro del arroyo seco y sus pies sienten el limo del fondo como el sedimento de sus turbulentos recuerdos de vida, que ahora se apoderan de su piel y la bañan sumergiéndola en su memoria hasta ahogarla en un rio de excitación. Las aves acompañan la escena con un diabólico canto invertido que sucumbe ante su efervescente frenesí. El posterior silencio estalla en una estampida de la vertiente que inunda la depresión violentamente, escondiendo los recuerdos de la ninfa en el lecho del arroyo enamorado.


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