domingo, 27 de septiembre de 2009

Diva


“Amatista” Electrografía de Luis Makianich, 2009
Safe Creative #0908024191134

“Según la mitología griega, Dioniso, dios del vino y el desenfreno, pretendía a una doncella llamada Amethystos, la cual deseaba permanecer casta. La diosa Artemisa escuchó sus plegarias, y transformó a la mujer en una roca blanca. Dioniso, humillado, vertió vino sobre la roca a modo de disculpa, tiñendo así de púrpura los cristales…”
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Su cuerpo resplandece ante las miradas ávidas de la sensualidad de sus movimientos, contorneando la música y el destello de las luces en una apasionada danza, que describe su obscura belleza en un ardiente anhelo de poseerla. Sus caderas los sumergen en un frenético rito a la lujuria, suspendiendo sus cuerpos en la ingrávida sala, frente al candente arco del escenario. La tensión del espectáculo mantiene la conexión entre el público y la diva que lanza miradas hiriendo de muerte a quien alcanza el influjo de esos latigazos. Los púrpuras cristales que conforman su cuerpo transmiten un halo de desesperanza en el espectador abrumado por sus desvaríos que emergen del brillo de sus fantasías y cuando las luces se apagan y la música calla, surge una ilusión en el aire, que como un alma en pena permanece en sus retinas hasta que el sueño se duerme.
Al caer el telón. Amatista se quita su traje de cuarzos y se interna en un mundo de reclusión. Su pensamiento cambia de efervescente a calmo en ese mismo instante se apaga su luz; su expresión endurece y sus ansias se opacan como si las miradas de los espectadores alimentaran su alma. Ella evita el contacto con cualquier persona porque fuera de escena es como un fantasma, que flota en el aire del obscuro escenario, esperando las luces que reaviven el fuego que duerme en las tablas y el crepitar del aplauso descansando en la sala.
Una noche, el sonido de un tímido golpe en la puerta preguntó por su musa que estaba dormida y una voz grave y dulce se escuchó tras el roble despertando la música de aquel sueño en su pecho, que latía más fuerte en su camerino, provocando que el traje que estaba colgado brillara de nuevo fuera de su cuerpo. Se encontraba desnuda, sin su hermosa armadura que la protegiera de ese amor intruso, que robase su anhelo de seguir siendo diva, con un ramo de rosas que como una espada asestara en su pecho con su galanteo. Al abrirse la puerta, ella estaba ahí parada sin su traje de luces pero aún así brillaba, y él se quedó atónito ante tan sutil belleza que agachó la cabeza y se arrodilló ante ella, sucumbiendo su gesto a un renunciamiento, abatido por ella que de cuerpo presente lo asestó con la daga, de sus ojos ausentes.
Amatista está sola frente al espejo de luces que la admira y contempla vestida con su piel obscura, que se ilumina a sí misma con la mirada perdida en un sueño imposible para su casta vida. Ella se debe a su esencia de mujer de teatro y está comprometida con su propia virtud, que la vuelve una estrella solitaria alentando la existencia de miles de cuerpos obscuros que viven de la luz que le brinda la diva.
Han pasado mil años en su calendario divino, y su piel ya no es tersa ni baila sobre las tablas, aunque sus ojos se internan en viejas fotografías que reviven la historia de la fiel heroína, su fantasma aún persiste en la quietud del teatro, iluminando a sus fieles entre acto y acto.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Albedrío


“Acoso” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909224569280
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Los tiempos modernos han llevado a una nueva concepción de las reglas de convivencia entre los seres vivos. Los acontecimientos propiciados por el hombre a lo largo de estos últimos milenios, le dieron la certeza que el desprecio por el prójimo solo lo puede conducir a la destrucción de la raza, sin prejuicio que la propia naturaleza intervenga en el conflicto emergente de este comportamiento. Solo los más inteligentes pudieron sobrevivir a este cataclismo y la supresión de la raza humana nos dejó el legado de comprender que el uso de la razón fue el detonante de su propia desaparición. Luego de asimilar que solamente la pasión los condujo por el camino de la verdad absoluta, y al descubrirla ha llegado a descartar su perimido razonamiento, y ahora el instinto administra sus decisiones sin lugar a dudas, puesto que la divergencia no tiene cabida cuando se conoce la verdad. El amor, la vida y la muerte son parte de esa certeza y ahora solo se dejan llevar por la certidumbre de la naturaleza sin temor a equivocarse, como el resto de los animales porque son parte de ella.
¿Qué han ganado?
–La mentira, el engaño y la hipocresía ya no existen y el mundo en el que viven es perfecto…
¿Qué han perdido?
-El discernimiento.
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Esta predicción ha sido basada en un hecho real (en proceso), aunque fueron cambiadas algunas circunstancias por atentar contra el libre albedrío de las especies involucradas.

Dios.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Architeuthis


“Architeuthis Dux y las ninfas” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909194555689
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Norman bucea en los confines de su mente armado con su pluma como arpón y una botella de ron como linterna. La bebida lo ha mantenido iluminado desde que se abandonó a la soledad de escribir esa novela. Para embeberse del ambiente marino, está viviendo en una pequeña embarcación a motor que se encuentra amarrada cerca del golfo San Matías, en el Atlántico sur, desde que se enteró que el Museo Nacional de Ciencias del Japón y la Asociación de Observadores de Ballenas de Ogasawara obtuvieron imágenes de un calamar gigante en su hábitat natural por esas latitudes. Ocasionalmente matiza su solitario trabajo con la visita de alguna joven lugareña a su bote, con la escusa del buceo deportivo, una de sus actividades náuticas preferidas. Aunque por su temperamento, él no suele mezclar el placer con su trabajo, a menudo confía a estas mujeres algunos pormenores de su novela en curso, porque eso le permitiría establecer un pronto vínculo con ellas, que seguramente lo conducirán a satisfacer sus libidinosas expectativas, las que una vez consumadas quedarán asentadas al concluir ese capítulo de su vida.
Luego de una semana de pasar en limpio sus ideas con varias copas en su sistema, hoy Norman comienza un nuevo ítem en su libro con la llegada de Juliana, una dulce joven ávida de emociones e inocente de desengaños. Norman la ayuda a subir al barco tomando su bolso y dándole la mano hasta que aborda completamente.
-“Pensé que habrías zarpado, disculpa mi demora” -Dice Juliana
-“No hay problema, estuve organizando el itinerario”-Le contesta Norman mientras desamarra y separa el casco del muelle –“Tal vez tengamos que alejarnos un poco más de lo previsto para lograr avistar algo”.
-“¿No estarás pensando ir hasta Malvinas?”- dice ella visiblemente preocupada.
-“No te asustes, no estoy buscando un calamar gigante, sería casi imposible hallarlo, me conformo con encontrar algo que me inspire en mi novela”-contesta Norman
-“¿Algo como qué?”
-“Con encontrar simple belleza submarina me conformaré” –le contesta mientras se dirige al camarote levantando levemente el bolso de Juliana, indicándole que pase a desempacar. -“Ponte cómoda mientras me encargo se salir de la bahía”. Él toma el timón mientras Juliana baja al compartimiento a cambiarse de ropa hasta que vuelve a cubierta con una diminuta bikini, que le dispara muchas ideas a Norman, aunque no está pensando en su novela.
Se zambullen un par de veces a tomar fotografías, como para justificar el viaje, y luego se preparan para la cena tomando una copa de vino en el camarote. Norman no se encuentra muy entusiasmado al ver la actitud esquiva de Juliana, que ya empieza a darse cuenta de las verdaderas intensiones de él, que insiste en que tomen más vino esperando algún cambio de disposición en ella, quien no muestra señales de tenerlo.
-“¿Tú crees que vas a tener sexo seguro conmigo, como lo has tenido con Alicia, o con Carmen?”-dice Juliana con visible enojo.
-“¿Las conoces?”-Pregunta muy intrigado Norman.
-“Esto no es Buenos Aires, es San Antonio…Pueblo chico infierno grande, suelen decir”.
-“¿Por qué aceptaste venir entonces…?” Le dice él mientras le sirve otra copa de vino, que ella toma muy segura de sí misma.
-“Soy mendocina, y si crees que me vas a emborrachar con esto, debes saber que nosotras desayunamos con vino desde niñas, y por lo que sé, a vos sí que suele hacerte efecto”.
Norman deja su copa y se levanta a buscar una botella de ron que guarda en una gaveta mientras dice: -“Entonces, vamos a equiparar las cosas… (Sirviendo ambas copas) Es cierto… a mí la bebida me afecta, aunque para bien, porque me inspira a hacer algo creativo, como amar”.
-¿Amar? ¿Qué tiene de creativo eso? A menos que hables de crear bebes… (Mientras toma el contenido de su vaso y extiende la mano nuevamente.
Norman le retira la copa y se sienta a su lado mientras dice:-“Ya es suficiente…” y se besan apasionadamente. Súbitamente, algo golpea el casco de la embarcación, provocando que se aparten uno del otro sobresaltados. Norman se levanta y sube a cubierta cuando puede ver una lancha amarrada a su barco en medio de la noche. Corre nuevamente al camarote a buscar un arma que oculta bajo un asiento, cuando entran detrás de él Alicia y Carmen, vestidas con trajes de baño:
-“¡Deja eso, solo queremos rescatar a Juliana de tus tentáculos!”-Dice Carmen.
Norman guarda nuevamente el revólver en su escondite y se sienta nuevamente junto a Juliana, toma la botella de ron y sirve otras dos copas que toma de una vitrina que se encuentra sobre la pequeña mesa, mientras dice:-“Bueno, parece que ahora sí vamos a tener una fiesta”.
-“Sigue soñando”-Dice Alicia mientras toma a Juliana del brazo y la hace levantarse de la mesa, cuando Carmen, pone una mano sobre su hombro y le dice:
-“Tranquila…Tal vez él tenga razón… (Mientras le hace una seña con la mirada a Juliana) Una copa de ron no nos vendría mal, además es tarde para volver a la bahía y tenemos que esperar la marea alta para llegar a puerto”. Todos se sientan en torno a la mesa y beben hasta aturdirse. Norman espera que alguna de ellas empiece a echarle en cara el que las haya usado para satisfacer sus instintos, pretendiendo amarlas, pero ninguna lo acusa… Solo beben y lo miran con insistencia. Norman bebe, y extiende sus brazos por sobre los hombros de las jóvenes y por un instante se sintió en terreno peligroso, pero luego, las tres hermosas jóvenes empiezan a desvestirse y se abalanzan sobre él colmándolo de caricias y quitándole toda su ropa. El aroma a ron invade todo el barco y por su mente pasan decenas de imágenes que se grabarán por siempre en su memoria, una vez que las haya plasmado en su novela. En un exabrupto de placer y erotismo las tres beldades lo levantan en su inspirada levedad y lo llevan a cubierta donde la cálida noche se une a su fiesta y con una espléndida luna de testigo se zambullen en la inmensidad del océano, buceando en los confines de su mente, con una botella por linterna y tres hermosas ninfas como musas.
La mañana lo sorprende recostado sobre su máquina de escribir, con el último capítulo de su novela terminado. Se despereza y se apresta a salir a cubierta a disfrutar del nuevo día. Desde otro barco amarrado en la marina un vecino le grita:
-“¡Hey, Norman! ¿Cuándo vas a salir a navegar en ese bote?”
-“Cuando pueda comprarle un motor, mientras tanto…solo vivo aquí”.

domingo, 13 de septiembre de 2009

La mujer Perfecta


“Salto eléctrico” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909134526717
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El profesor Roger Hertz dicta la Cátedra de Neurocibernética en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Su obsesión por el trabajo lo ha llevado a desconectarse del mundo exterior, limitando su vida de relación a lo estrictamente profesional. Conoció a su esposa Sandra en

martes, 1 de septiembre de 2009

Sueño eterno


“Vida después” Electrografía de Luis Makianich, 2009.
Safe Creative #0909014344783
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La fiebre mantuvo mi cuerpo flotando durante varios días y no importa cuán intenso fuera el impulso que mi cerebro le diera a mi sistema nervioso, mis músculos no obedecían su mandato permaneciendo tiesos, sin la menor tonicidad que diera movimiento a nada de mí,


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